...

Información para decidir con libertad

Apoya el periodismo independiente

Los pasteles

Se sabe que hay explicaciones que acaban siendo evidencias.

La Suplente, con su aparente serenidad técnica, aconsejó que la solución ante el alza de la gasolina es usar la más barata. Como si el problema fuera de octanaje moral y no de descontrol real.

No es la primera vez que lanza sus frases que suenan a combustión perfecta, como su expertise amplio en estufas. Antes, que aspirar a viajar a la Luna era excesivo, un lujo innecesario frente a otras “urgencias”. Y antes de eso fue el “usen menos luz”. Siempre hay una recomendación doméstica para problemas estructurales, como si el país fuera una cocina desordenada y no una economía compleja.

Y de manera inevitable, aparece una imagen histórica referente.

La reina María Antonieta con sus excesos, su distancia y la frase que la historia le adjudicó como epitafio moral. “Que coman pasteles”. Ya no importa si lo dijo o no. La frase sobrevivió porque era verosímil y condenatoria.

Parece un mero asunto de pan o de gasolina cuando en realidad, es una mentada al ciudadano.

Porque cuando desde el poder se ofrecen soluciones con consejos de ahorro doméstico, lo que se revela es la distancia que tienen con la calle. La simplificación de su pseudo empatía. Porque quien sugiere usar lo más barato no está viendo al transportista que no puede deje de usar diésel, ni a la familia que ya recortó todo lo recortable. Hace una ecuación filológica, impecable en el discurso pero totalmente fallida en la realidad.

Porque la vida no es una tabla comparativa como La Suplente y sus asesores creen.

En su lógica todo se vuelve decisión individual. Si la luz es cara, consume menos. Si la gasolina sube, cambia de color. Si no hay medicamentos, no te enfermes. Si el país no alcanza, ajusta tus expectativas. La política deja de ser una herramienta de redistribución y se convierte en un manual de instrucciones para sobrevivir.

La evasión al repetir lo mismo sin darse cuenta del tamaño del problema.

Porque cada vez que el poder recomienda en lugar de resolver, desplaza su responsabilidad. La vuelve íntima, privada y culposa. Si no te alcanza, algo estás haciendo mal. Elegiste mal. Consumes mal. Vives mal.

Todo para mantener su escenario intacto.

Por eso la comparación incomoda. Porque lleva frivolidad y distancia. Aleja el cacareado bienestar prometido del ciudadano. Carece de perspectiva callejera. Es la incapacidad de medir el peso real de una frase cuando se pronuncia desde arriba.

Las recomendaciones, cuando vienen del poder, parecen sugerencias, pero son diagnósticos disfrazados.

Y a veces terminan siendo confesiones.

Al final, la historia no recuerda los matices técnicos, solo las frases que marcaron a un personaje o a un contexto. Las que resumen una época. Las que condensan una forma de gobernar. Las que, sin proponérselo, terminan evidenciando demasiado.

Nota: historiadores coinciden en que María Antonieta probablemente nunca dijo esa frase. En cambio, en la política mexicana Transformadora hay frases que no necesitan de interpretación académica. Ya se documentan solas…

Recomendar Nota

Facebook
X / Twitter
WhatsApp