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'Magnifca Humanitas'. Encíclica para católicos despistados

Es motivo de gozo la recepción que ha tenido la encíclica de León XIV sobre los retos de la humanidad frente a las tecnologías emergentes, en ámbitos fuera de la Iglesia. Sin embargo, me parece que aún falta ser asimilada entre los católicos de a pie, desubicados y despistados -entre los cuales me encuentro- necesitados de entender el mundo en este cambio de época y en medio de la crisis que vivimos los mexicanos. Por lo mismo, quiero compartir e invitar a reflexionar en cinco aspectos que nos propone la encíclica.

1.- Sobre la ciencia y la tecnología. Éstas son una expresión de la grandeza humana; pero no son neutrales. Su orientación es una decisión del ser humano en ejercicio de su libre albedrío. Depende de nuestra libertad y responsabilidad hacer de éstas un medio para el bien de la humanidad o para su destrucción. Debido al modelo de negocio operado por intereses privados y su uso para la guerra, la cosa no pinta nada bien. Los católicos tenemos la misión de humanizar estos instrumentos con la mirada de Jesús, tendiendo puentes y motivando el diálogo. El documento es un claro ejemplo de cómo proceder.

2.- Sobre la filosofía de la historia. La encíclica plantea en clave bíblica el reto para la humanidad en este momento de la historia. Con los instrumentos de la IA podemos intentar construir, desde la soberbia, una nueva torre de Babel que nos lleve a la dispersión y la confusión en aras de una imposible homogeneidad; o bien, reconstruir entre todos la ciudad de Jerusalén, cual metáfora de una ciudad en la que todos tengamos un lugar en libertad, desde la riqueza de nuestra diversidad en la pluralidad de expresiones. La historia no es la gesta por la libertad, sino el ejercicio de nuestra libertad sea para construir la torre de Babel o para reconstruir Jerusalén. La historia puede ser un encuentro con Dios o el fracaso de nuestra soberbia. Cada generación toma sus decisiones.    

3.- Sobre la antropología. Dios ha creado a cada persona a su imagen y semejanza, lo cual nos confiere la dignidad que nos constituye, se proyecta en la historia y se realiza en cada particularidad individual y social. Antes que nada, somos personas.

4.- Sobre la ética. En la encíclica hay una renuncia explícita a reducir la ética a un código de valores, deberes y prohibiciones. La ética, como la doctrina social de la Iglesia, se entiende como un criterio de discernimiento para ejercer la libertad en bien de las personas. Ese criterio es nuestra dignidad, vista con la mirada del amor fraterno, la misericordia y la caridad. Esta es la ética que pude orientar el ejercicio de nuestra razón, aplicada a la ciencia y la tecnología.

5.- Sobre la eclesiología. Se entiende la Iglesia como comunidad, como pueblo que camina en la historia, definida no por su estructura sino por la misión conferida a cada católico de anunciar a Cristo y por él, con él y en él ser constructores de justicia y paz, de humanidad allí donde Dios nos ponga, nos siembre o nos envíe.   

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