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¿Malditas redes sociales?

Las redes sociales como Facebook, Instagram, TikTok, Snapchat  y similares, están en el banquillo de los acusados. Una de las personas que mejor ha articulado el argumento en su contra es Jonathan Haidt, quien escribe parte del Reporte Mundial de la Felicidad 2026 (RMF2026) https://www.worldhappiness.report/ed/2026/, donde reporta que, al ser entrevistados, los adolescentes muestran “daño y arrepentimiento” por el uso de las redes; los padres y madres “temen a las redes sociales y perciben daño”; los educadores “perciben daño a la educación y la salud mental”, mientras que psiquiatras, psicólogos y trabajadores sociales relacionan el uso intensivo de redes con ansiedad y depresión y las consideran de alto potencial adictivo. 

Haidt menciona también que información filtrada por algunos ejecutivos y empleados de empresas como TikTok, Snap y Meta implica que ellos “saben o creen que están causando daño a los adolescentes en sus plataformas” en escala masiva. Asimismo, refiere estudios que muestran que el uso prolongado y recurrente de las redes sociales está correlacionado con mayor riesgo de depresión; especialmente entre las mujeres de 11 a 13 años; además de análisis que reportan que el uso de las redes antecede la aparición de depresión. 

El WHR2026 muestra también experimentos realizados por Cass Sustein,  en los que se pide a usuarios que suspendan el uso de una red social durante un mes y se observa que sus indicadores de bienestar psicológico (satisfacción con la vida, relación de emociones positivas a negativas, ansiedad, depresión, aburrimiento, etc.) mejoran claramente a pesar de lo cual esas mismas personas exigen un pago elevado por dejar de usar las redes, lo que implicaría que están “dispuestas a pagar para estar peor”.  

Asimismo, muestra evidencia en el sentido de que las y los usuarios que pedirían un pago por dejar de usar ciertas redes estarían dispuestos a pagar aún más por que dichas redes no existieran, lo que implicaría una “trampa de producto” según la cual las redes se emplean porque todo mundo las está usando, pero que, si se pudieran coordinar eficazmente para que todos dejaran de usarlas, podrían terminar casi todos en una situación mejor. En otras palabras, las redes sociales tendrían una naturaleza adictiva combinada con costos de salida importantes que suponen un riesgo especialmente elevado para personas jóvenes en una etapa de su proceso de maduración psicológica que les hace especialmente vulnerables.

Pese a lo anterior, hay que decir que el argumento acusatorio parte de la necesidad de explicar un deterioro en la salud mental de los jóvenes que ocurre exclusivamente en ciertas regiones del mundo, destacadamente en Estados Unidos, pero que no se comparte por la mayor parte del resto de los países donde la amplitud e intensidad de uso de las redes sociales es al menos tan grande.  Asimismo, la evidencia presentada en el WHR2026 para México y América Latina sugiere que hay ciertas redes sociales que favorecen el fortalecimiento de las relaciones interpersonales (como WhatsApp) por lo que se asocian positivamente con el bienestar, mientras que hay otras que se gobiernan por reglas algorítmicas diseñadas para atrapar a los usuarios en “scrollings” interminables (como TikTok o Instagram), las cuales están relacionadas con el deterioro en la felicidad y en la salud mental. 

En este sentido, no todas las redes sociales serían “malditas”. Parafraseando al clásico, también las habría “benditas”. La discusión académica sobre el tema sigue abierta y sin embargo la urgencia de tomar decisiones de política pública está ahí. Es fundamental que como sociedad realicemos un debate intenso, sereno e informado sobre el tema, porque lo que está en juego es nada menos que la salud mental y el bienestar de nuestra juventud.

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