En 1988, tras el reclamo de democracia de Rosario Ibarra de Piedra, Manuel J. Clouthier y Cuauhtémoc Cárdenas, al fraude electoral cometido por Manuel Bartlett, nació, poco a poco, después de intensas negociaciones, lo que ahora conocemos como Instituto Nacional Electoral. Hoy, a 220 días de la elección de 2027 muere el michoacano Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, y el INE está moribundo, aquejado de corrupción, amiguismo y parcialidad.
Cuauhtémoc Cárdenas no fue santo de mi devoción, pero tampoco diablo de mi pastorela. En muchos momentos nos opusimos, concretamente cuando Carlos Castillo Peraza compitió por la Jefatura de Gobierno del entonces Distrito Federal. Pero es justo reconocer que el ingeniero llegó a acuerdos con sus adversarios. No buscaba aniquilar al que pensaba diferente. No sólo hablaba, no era un parlanchín de la política, como su padre, escuchaba, y escuchaba mucho.
“Aunque sostenemos ideologías y proyectos distintos…”, firmaron en 1988 los tres candidatos presidenciales un “Compromiso democrático”, donde literalmente se comprometieron a “Denunciar todo acto fraudulento o intimidatorio que tienda a distorsionar la expresión de la voluntad popular y exigir al gobierno el restablecimiento de la legalidad del proceso electoral” (La Nación. 15 julio 1988). Pues después del espectáculo delincuencial en el INE, de la consejera presidenta Taddei y su red de mafia presupuestívora, que es un acto fraudulento en toda forma, el ejemplo de Cárdenas, Clouthier e Ibarra, debe retomarse. Volver a empezar. Porque si Cárdenas ha muerto, Manuel Bartlett sigue vivo, y su escuela permanece con muchos de sus alumnos en el poder. Morena, penosamente, está más cerca del poblano, artífice de “la caída del sistema”, que del michoacano que hoy descansa en paz.
Mientras sigan los pretextos presidencias, sus maromas retóricas o mitomanías históricas, para eludir auditar a fondo, y limpiar “hasta que duela” al INE, Claudia Sheinbaum ya le puso una mancha oscura a la elección del año que entra. Mientras la presidenta no haga rendir cuentas administrativas y penales a “los dueños” morenistas del INE, la tarea política electoral deberá recomenzar donde la dejaron Manuel J. Clouthier, Rosario Ibarra y el propio Cuauhtémoc Cárdenas. Exigir, otra vez, voto libre y secreto y un árbitro limpio e imparcial. Cuauhtémoc es “águila que cae”. Sin embargo, a partir de ahora, Cuauhtémoc Cárdenas es “águila que vuela”, y Morena y sus funcionarios cacos del INE deben caer. La muerte de Cárdenas, nos recuerda la caída del sistema electoral que tumbó Manuel Bartlett. Ahora debemos ir por la caída (en la cárcel) del sistema de robavotos y dinero, que construyó Taddei y sus chamaquitos de Morena.
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