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Narcolaboratorios accesibles

Los narcolaboratorios de fentanilo están ocultos entre los picos de las cordilleras más elevadas de la Sierra Madre Occidental, donde sólo se atreven a volar los cóndores y algunos buitres.  Se justifica que es complicado desmantelarlos entre cerros escarpados, peñones que parecen elevarse al cielo, perdidos en la inmensidad del Triángulo Dorado.

Lo cierto es que contrario a la versión oficial, muchas fábricas clandestinas se encuentran junto a la costa del Pacífico, o cerca de la carretera federal que va desde el centro de México a Sonora y termina en Alberta, Canadá. Es la ruta del fentanilo por el Pacifico hacia Estados Unidos.

En muchos casos los narcos prefieren instalar bien camufladas sus cocinas de droga en zonas de fácil movilidad bajo su férreo control; boscosas o pesqueras; entre caminos de terracería cercanos a cabeceras municipales bien comunicadas para abastecerse de químicos. Son territorios del narco en los que dan trabajo a la población y que además del crimen, controlan la economía local, a presidentes municipales, policías y en ocasiones a militares. 

AMLO dijo que en su gobierno se logró un récord al destruir 2,132 narcolaboratorios. Una constante al asegurar laboratorios es que están vacíos. Encuentran químicos y equipo, pero no a narcos ni a cocineros.

En cada aseguramiento se repitió que en los narcolaboratorios confiscados encontraron opioides sintéticos, principalmente metanfetamina. La palabra fentanilo nunca aparecía en los boletines, pese a la evidencia de que la droga llegaba a EU procedente de China y México.

En su estrategia con Estados Unidos, AMLO negó que en México se produjera fentanilo. Dijo que el tráfico de fentanilo era una campaña en contra de México.

Pese a la evidencia de que el 97 por ciento de las incautaciones de fentanilo en EU se han hecho en la frontera con Texas y a los 110 mil muertos por sobredosis en los últimos dos años de su sexenio.

El fentanilo es un opioide 50 veces más potente y adictivo que la heroína y 100 más que la morfina. Casi al final de su mandato, AMLO aceptó a CBS TV que en México si se producía fentanilo, al igual que en Estados Unidos y Canadá. 

En el sur de Sonora se encontraron los más grandes laboratorios, territorio bajo control de aliados del Cártel de Sinaloa. El primero ocurrió en Álamos, en la sierra baja, muy cerca de Navojoa y de la carretera federal 15.

En todos los operativos militares en contra los narcolaboratorios se señala que son resultado de labores de inteligencia. Álamos fue la excepción. Ahí se informó que, gracias a su buen sentido sensorial, el personal castrense que circulaba por un camino secundario de tierra se percató de un fuerte olor a sustancias químicas que los llevó a descubrir en directo a un narcolaboratorio.

Otro narcolaboratorio, el más grande del sexenio, fue descubierto en El Quiriego, un municipio entre Navojoa y Ciudad Obregón, contiguo a la carretera internacional. El gobernador sonorense, Alfonso Durazo y el secretario de Marina, Raymundo Pedro Morales Angeles, recorrieron el laboratorio clandestino.

Durazo explicó que las escasas aprehensiones se deben a que con el ruido de los helicópteros los narcos huyen. En otro destino turístico y pesquero, en San Blas, Nayarit, descubrieron otro narcolaboratorio, no muy lejos de la salida a la costa del Pacifico.  

En diversos análisis ha trascendido que ante la obsolescencia de ciertos narcolaboratorios y la imposibilidad de administrar el desastre ambiental que crearon al cocinar drogas sintéticas, los narcos prefieren dejarlos desiertos.

En algunos casos, son los propios policías quienes filtran a los narcos la información sobre el inminente desmantelamiento de su negocio criminal. Son los  pitazos, más que el olfato fino de marinos o el ruido de los  helicópteros, los que hacen huir a los narcos de sus laboratorios clandestinos antes de que se presente la sombra de uniformados vestidos de azul y verde olivo.