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No todos los destinos son para observar

Las mil cascadas te transforman

Un destino espectacular que se encuentra sobre la ruta Cuernavaca-Taxco en la zona de Las Granadas, aproximadamente a una hora de Cuernavaca.

No es un parque tradicional, es una cañada natural formada por el río Granadas, con cascadas escalonadas, pozas turquesa y esmeralda, cuevas ocultas; es literalmente un recorrido donde el agua es el camino.

“Las mil cascadas”, escondidas entre un camino estrecho y de terracería, no son un destino cómodo, no son un mirador, ni un paseo ligero, son otra cosa, son un umbral, así tal cual es una entrada a un destino de transición.

Aquí no avanzas si no te mojas, aquí no hay forma de rodear el agua, aquí no puedes negociar con la experiencia. O te atraviesa… o te quedas.

El camino comienza casi en silencio, como si no anticipara lo que está por venir, pero poco a poco el sonido del agua comienza a imponerse, primero lejano, luego constante, luego inevitable.

Y entonces lo comprendí, no vine a observar, vine a sumergirme.

A partir de ese momento, todo cambia, el cuerpo se activa, los sentidos se despiertan, la mente deja de anticipar y empieza a reaccionar; cada paso exige presencia; cada piedra, atención, y cada salto, una decisión.

Y hay un momento —uno muy claro— en el que miras hacia abajo, calculas la altura, intentas adivinar el punto exacto donde vas a caer… y entonces aparece algo que no siempre se nombra: el temblor por el miedo.

Ese temblor en las piernas que no es debilidad… es conciencia, es el cuerpo entendiendo el riesgo. En todo momento debes estar acompañado del guía que sabe cada uno de los movimientos que debes de hacer antes de cada salto, todo comienza con una cascada de 5 metros de altura, pero en el trayecto vas encontrando cascadas de más de 10 metros de altura.

Aquí te dejo un contacto del guía que nos dió el recorrido: Israel Zamora +52 734 100 5533

Yo nunca lo había sentido así, es un momento de decisión hacia lo nuevo, decisión de hacer algo distinto, de atravesar lo que intimida, de no retroceder.

Y cuando saltas… algo cambia, no solo caes al agua, sales distinta y con la adrenalina que te impulsa y te llena de alegría.

Porque lo que parecía fragilidad se transforma en firmeza, las piernas dejan de temblar… y empiezan a sostenerte.

Y entonces quieres más, buscas la siguiente cascada, el siguiente salto, el siguiente reto y en ese momento me di cuenta de que así es la vida, ir a lo siguiente o estancarte.

“Las mil cascadas” no es un destino para encontrarte en calma. Es un destino para dejar de resistirte, porque el lugar no te pregunta si estás lista, no te espera, no se adapta... te atraviesa.

Y en ese atravesarte, limpia.

No como metáfora suave, sino como acto real: te quita capas, te arranca el ruido, te baja del pensamiento al cuerpo, te obliga a estar aquí, a sentir, a soltar, a confiar.

Hay algo profundamente purificador en mojarse sin prisa de secarse. En aceptar el frío, el vértigo, la intensidad. En entender que avanzar no siempre es controlar… a veces es rendirse con dignidad ante lo que te supera, yo solo salté las que mi intuición y decisión me animaban, pero también una que fue la que más me retó y lograrlo es liberador.

Y entonces, sin darte cuenta, cambias, no porque el lugar te transforme mágicamente, sino porque dejaste de sostener la versión de ti que necesitaba tener todo bajo control.

En Destinos y Auroras no recomendamos lugares solo por lo que se ve… sino por lo que te hacen sentir.

Y este es uno de ellos, un lugar para quienes se atreven a vivir la experiencia sin ir en busca del cambio… solo a sentirlo.

Porque hay destinos de los que todo el mundo habla, y hay otros —como las mil cascadas— de los que se habla poco… pero se aprende mucho.

El momento que viví con la fuerza del agua de la cascada cayendo sobre mí es indescriptible, es mucha emoción… es agradecer la vida.

¡Nos vemos en el próximo destino!

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