La legitimidad electoral no es suficiente para que un régimen sea democrático. Se requiere la legitimidad del control continuo.
En la democracia, los medios de comunicación no son solo canales de información sino actores centrales del conjunto de prácticas de vigilancia, denuncia y evaluación ciudadana que sirven de contrapeso al poder.
El periodismo es el encargado de la vigilancia, de escudriñar las decisiones del poder político en aras de prevenir la arbitrariedad, bloquear los abusos de poder y de hacer visibles los actos que los gobernantes preferirían mantener en la opacidad.
Los medios articulan a la opinión pública para que ejerza un tipo de tribunal civil permanente.
Los medios independientes permiten evaluar la coherencia, la honestidad y la eficacia de los gobernantes en tiempo real sin esperar a los ciclos electorales. Son un espacio para llevar a cabo el juicio de reputación.
La sanción mediática y la presión de la crítica configuran la reputación política. Esa confrontación obliga al poder a rendir cuentas y a pagar costos por sus acciones.
Una democracia sana no solo necesita votar, necesita comprenderse a sí misma y debatir sus problemas estructurales. Los medios críticos construyen ese espacio de deliberación colectiva.
Los medios críticos tienen la tarea de ofrecer distintos marcos de análisis para que la sociedad procese la complejidad de la realidad, más allá de la propaganda oficial. Ahí se salvaguarda el pluralismo interpretativo que necesita la democracia para existir.
La degradación del debate público se origina en los medios que promueven la política como un espectáculo de lo inmediato.
La principal fortaleza de la democracia es que posee mecanismos de auto corrección (como la prensa libre). El populismo busca debilitar o capturar estos contrapesos para evitar el escrutinio, impidiendo que la política pública se corrija, lo que es una de las causas de su ineficiencia.
La premisa que ha proclamado Claudia Sheinbaum es que su grupo político es la única voz legítima del pueblo.
Cualquier contrapeso, como el periodismo crítico, es valorado y expuesto como un enemigo del pueblo.
La élite morenista se ha dedicado a socavar las instituciones independientes que producen información. Su objetivo es concentrar el poder y eliminar la supervisión al gobernante.
La defensa de los contrapesos democráticos es una necesidad existencial ante la élite morenista que busca desmantelar el pluralismo y la rendición de cuentas.
El caso Taddei revela que la sociedad mexicana conserva una herramienta democrática que debe defender, proteger, apoyar, impulsar y potenciar: el periodismo independiente, serio y crítico.
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