Julio Scherer Ibarra hizo una introducción de 250 páginas con alabanzas y cánticos empalagosos al más grande líder que vieron sus ojos, López Obrador, para que lo perdone por lo que a continuación iba a decir.
Dijo que Morena operaba, en el norte del país, con un esquema de financiamiento proveniente del crimen organizado.
Alfonso Durazo. en Sonora, Américo Villarreal. en Tamaulipas y Rubén Rocha Moya. en Sinaloa compitieron con ventaja al contar con los caudales de dinero que les proveía Sergio Carmona, el rey del huachicol.
“Para 2020”, escribió Scherer, el financiero de Morena (Carmona) “controlaba hasta un tercio del mercado ilegal de hidrocarburos en la frontera”.
Carmona -dice Scherer con base en “informes reservados del Estado mexicano”-, “tejió una red de influencias y favores políticos que, según documentos de inteligencia, llegaron hasta las puertas de Palacio Nacional”.
Es decir, el gobierno tiene pruebas de los delitos de Ramírez Cuevas y Mario Delgado. Y, “según versiones”, también de los encuentros entre Carmona y López Obrador.
Si un funcionario tiene conocimiento de un delito y se abstiene de denunciar, es cómplice. También es delincuente.
Ahora que ya no es funcionario, Scherer Ibarra hace una denuncia pública en su libro: el financiamiento ilegal a Morena en Sinaloa, Sonora y Tamaulipas.
Dejemos de lado los ajustes de cuentas por rencillas políticas. Lo que el ex consejero jurídico de la Presidencia señala en un par de páginas de su libro son delitos.
Delitos graves. Y el gobierno tiene conocimiento de ellos.
Confirma que en al menos tres estados del país gobiernan delincuentes electorales.
Y no porque hayan rebasado topes de campaña o algo así. Sus campañas las financió la mafia.
¿Qué va a hacer la Fiscalía General de la República?
¿Qué va a hacer el INE, presidido por la hermana de varios colaboradores del gobernador de Sonora, señalado por Scherer Ibarra como delincuente electoral?
Guadalupe Taddei llegó a la presidencia del INE impulsada por Alfonso Durazo, en cuya campaña el crimen organizado inyectó recursos para hacerlo ganar.
Ayer por la tarde Jesús Ramírez hizo una defensa que aparenta ser vigorosa, pero es sumamente cobarde.
Niega los cargos y da a entender que lo dicho por Scherer al periodista Jorge Fernández, en el fondo, no es contra él:
“Este libelo es un ataque disfrazado en contra del movimiento de la Cuarta Transformación, del expresidente Andrés Manuel López Obrador y de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo”.
Se escuda en AMLO y en Sheinbaum.
No anuncia una demanda contra Scherer, pues dice -con otras palabras- que no le haría el juego a los conservadores: “Se van a quedar con las ganas los adversarios del cambio verdadero que buscan regresar al pasado. Aquí no hay guerra, aquí hay convicción, hay voluntad y principios éticos más fuertes que todo su poder mediático y económico”.
Seguramente este jueves en la conferencia mañanera la presidenta cerrará el capítulo con alguna frase como las que ya conocemos. Jesús ya aclaró. Invito a Julio a que presente pruebas.
Eso es lo político.
Pero ya no es un asunto de políticos, sino de leyes.
Hay delitos graves.
Gobernadores que llegaron al cargo financiados por la mafia.
Hay un cadáver, el de Sergio Carmona, asesinado por lo que sabía y por haberse puesto en contacto con la DEA.
