Antes vivíamos en una democracia imperfecta, ahora vivimos bajo una autocracia, sin división efectiva de poderes. Antes nuestro sistema judicial funcionaba con muchas deficiencias, hoy sólo sirve para cumplir las órdenes del Poder Ejecutivo.
Perdimos nuestra democracia, ¿qué hicimos para defenderla? Podemos intentar justificarnos: yo escribí artículos, podría decir, ¿y de qué sirvieron? Participé en algunas marchas, firmé varios manifiestos, voté en varias elecciones y me abstuve en otras, ¿frenó esto en algo el deterioro? No, Morena se hizo con trampas de la sobrerrepresentación en la Cámara de Diputados y sobornó y chantajeó para obtener mayoría en la de Senadores, con eso pudieron cambiar la Constitución a su antojo; organizó unas elecciones judiciales fraudulentas; con la ayuda del crimen organizado se hizo del control de la mayoría de las gobernaturas y los Congresos locales. Artículos, marchas, manifiestos, votos, abstenciones, no sirvieron de nada. ¿Qué les vamos a decir a nuestros hijos cuando nos pregunten qué hicimos para evitar que perdiéramos nuestra joven democracia?
Después de todo, ¿qué podíamos haber hecho? Abunda la bibliografía al respecto. Hay muchos libros sobre formas de protestas civiles. Hay una enorme cantidad de estrategias que la sociedad civil organizada pudo haber empleado para detener la imposición de la autocracia. Dejo de lado a los partidos de oposición, que se mantienen muy cómodos cobrando a pesar de haber sido derrotados. Disculpamos nuestra inacción comparándonos con la rana hervida a fuego lento. Para cuando nos dimos cuenta ya se había militarizado el país. Cuando cobramos conciencia ya los jueces estaban ejerciendo la censura. Cuando despertamos el dinosaurio había regresado y se había vuelto a apoderar de nuestras instituciones.
Me concentró en un caso, el de nuestras relaciones exteriores. Si López Obrador nombró a un agrónomo para conducir una compañía petrolera, ¿por qué Sheinbaum no habría de nombrar a un psiquiatra para conducir las relaciones de México con el mundo? ¿Qué podía salir mal? Como nunca antes, las relaciones exteriores de México están destrozadas. Rompimos relaciones con Ecuador y Perú. Suspendimos el diálogo con Argentina, El Salvador, Bolivia, Paraguay, Honduras y Chile. Nuestro vecino del norte y nuestro mayor socio comercial amenaza cada semana con invadirnos o arrojarnos misiles. A pesar de la terrible crisis en Cuba no podemos ser intermediarios porque decidimos ponernos del lado de la dictadura. La extracción en Venezuela del dictador Maduro dejó paralizado a nuestro gobierno. Hemos sido absolutamente incapaces de condenar y tener una política firme contra la invasión de Rusia a Ucrania.
Hubo un tiempo en que México era respetado entre las naciones. Hoy se nos ubica al lado de Nicaragua, Cuba y Corea del Norte. Las embajadas sirven al gobierno para ofrecer premios a los gobernadores del PRI que ayudan en las elecciones a Morena a cambio de impunidad, o como refugio de impresentables, como la embajada a Gertz Manero.
Si mañana se desplomara la dictadura cubana, ¿estamos preparados para atender una ola migratoria? Si mañana Estados Unidos arrojara misiles contras las bases de los narcos, ¿romperíamos relaciones y dejaríamos el T-MEC al garete? Nuestra sofisticada presidenta propone envolvernos en la bandera y entonar el himno nacional. Yo dudo de la eficacia de tales medidas.
La pésima conducción de nuestras relaciones exteriores nos ha vuelto a encerrar detrás de la cortina de nopal. El pavor de los gobiernos morenistas de codearse con los mandatarios extranjeros en foros internacionales nos retrotrajo a un nivel provinciano. ¿Qué vamos a hacer al respecto? ¿Seguir cruzados de brazos? ¿Qué le vamos a decir a nuestros hijos cuando nos reclamen por haber dejado que este gobierno nos aislara del mundo? Ha llegado el momento de hacer algo.
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