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Ramírez Cuevas: el perverso era AMLO

La losa de silencio puesta encima de las revelaciones del exconsejero de la Presidencia, Julio Scherer Ibarra, sólo se explica por el tonelaje de la bomba que explotó en el centro del gobierno.

Censura o autocensura, o ambas cosas.

Se explica el silencio, además, por la peligrosidad de las mafias incrustadas en el poder en México. No sabemos hasta donde llegan.

El muladar criminal que se movía al lado del presidente López Obrador era del tamaño del Bordo de Xochiaca. Imposible no verlo.

La presidenta Sheinbaum le dio su confianza a Jesús Ramírez, aunque se cuidó de no atacar a Scherer.

Nadie come lumbre. Y es lo que hay: lumbre. Jorge Zepeda Patterson habría optado -dijo- por una barrera de silencio en torno al libro. Pero Jesús Ramírez respondió y le dio más vuelo al asunto.

En su carta “al pueblo de México”, Ramírez Cuevas, exvocero de AMLO, dejó al expresidente como cerebro y operador de los ataques a la libertad de expresión.

En su carta de desmentido a lo revelado por Julio Scherer Ibarra en el libro Ni venganza ni perdón, escrito en coautoría con el periodista Jorge Fernández Menéndez, el exvocero afirma que él nunca sembró preguntas en las conferencias mañaneras.

Que tampoco financió a medios ni pautas digitales.

Que no organizó ejércitos de bots.

Y que es un creyente de la libertad de expresión.

Si lo anterior es verdad, entonces ¿quién hizo todo lo anterior?

Como recordaremos, en las conferencias matutinas de López Obrador se calumniaba a periodistas, se les presionó incluso con información fiscal confidencial.

¿Quién elegía a los periodistas a atacar?

AMLO lo hacía solo, ya que Ramírez Cuevas era respetuoso de la libertad de expresión.

¿Quién pidió al SAT la información fiscal de Carlos Loret?

Por lo que dice Ramírez, él no fue.

Recuerdo cuando el presidente puso en una pantalla un cartón denigrante contra Joaquín López-Dóriga y empezó a repetir consignas difamatorias, como un demente, contra el periodista.

¿Quién eligió el cartón? ¿Quién lo puso en la pantalla? ¿Quién organizó la campaña en redes, con bots y secuaces reales, para darle vuelo a esa imagen?

Por lo que dice Ramírez, él no fue. El perverso era AMLO. Sólo él.

Las campañas contra Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camín, ¿quién las orquestó?

¿López Obrador, solito, urdió el invento del BOA, esa conjura golpista destinada a "derrocarlo", en la que nos ubicó a varios periodistas?

La extorsión publicitaria contra medios de comunicación, ¿fue obra de AMLO únicamente?

Cero transparencia en el gasto publicitario del gobierno en el sexenio anterior (y en el actual).

¿Quién diseñaba el uso patrimonialista de los recursos públicos destinados a comunicación social, para premiar la abyección y castigar la crítica? ¿AMLO personalmente?

La lista de ataques a la libertad de expresión surgidos en las conferencias del presidente y luego replicados en redes por ejércitos de bots, llenaría libros.

El entonces vocero dice que él no fue.

Cierto, López Obrador expresaba en público y en privado sus odios contra periodistas por lo que escribían y decían. Pero alguien tenía que operar la campaña de descrédito para minar el ánimo y la credibilidad de esos comunicadores.

 Dice Ramírez Cuevas que él es ajeno a todo lo que se le imputa. Incluso a lo que ven nuestros ojos.

En consecuencia, el único perverso era López Obrador.

Además de siniestros, cobardes.

Y siguen en el gobierno, con los mismos métodos.

Con Sheinbaum en la Presidencia se armó una campaña de desprestigio contra el cartonista Paco Calderón, un ícono del humorismo libre en la prensa mexicana.

A la Presidencia llegaron nuevos verdugos a vender favores a dueños de medios de comunicación para que corran periodistas críticos.

El perverso no sólo era y es López Obrador, como da a entender Ramírez Cuevas.

AMLO es, como he oído que algunos ya le comienzan a llamar, “el padre de la mentira”. Pero la perversidad está en el centro de Morena, ahí donde cayó la bomba de Julio Scherer Ibarra.