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Respaldo contra encubrimiento

El discurso pronunciado por Claudia Sheinbaum este domingo dejó ver a una presidenta que sigue buscando enemigos fuera de las fronteras y culpables en el pasado, una presidenta dispuesta a arriesgar la relación con Estados Unidos por una falsa defensa de la soberanía nacional, y una presidenta que sigue utilizando la confrontación como estrategia de distracción, pero que no está dispuesta a defender públicamente a Rubén Rocha Moya.

En nombre de la soberanía nacional y sin entender que la verdadera amenaza a ésta viene del control que hoy tiene de territorios, estructuras y gobiernos el crimen organizado, la presidenta rechazó lo que considera una injerencia extranjera derivada de las solicitudes de extradición promovidas por autoridades estadounidenses contra diversos actores políticos vinculados a Morena. Sin embargo, en su discurso evitó mencionar explícitamente a Rocha Moya. No lo invitó a su evento, no apareció junto a él, no pidió aplausos para él ni pidió cerrar filas con él. Lo protegió, sí, pero desde la oscuridad de los discursos ambiguos y las omisiones calculadas.

Cuando una persona es inocente, cuando un gobierno está convencido de la honorabilidad de uno de sus integrantes, no lo esconde, lo defiende, lo acompaña y da la cara por él. Eso fue exactamente lo que ocurrió en Chihuahua. Mientras la Fiscalía General de la República cita a declarar a la gobernadora Maru Campos haciendo uso faccioso de la justicia, el PAN decidió respaldarla sin titubeos. Ahí estuvieron dos expresidentes de la República, el dirigente del partido, gobernadores, legisladores, alcaldes y liderazgos de todo el país. Nos tomamos la foto con ella, la subimos a redes sociales, lo dijimos de frente y sin matices: “Yo con Maru”.

En el caso de Maru Campos no hubo evasivas ni silencios incómodos sino respaldo abierto, porque existe la convicción de que ha actuado del lado correcto, del lado de la ley, de la seguridad y de los ciudadanos. La diferencia no podría ser más evidente. Mientras Maru convoca a actos públicos, da entrevistas, mira de frente a los chihuahuenses y reitera su compromiso con la seguridad de las familias y con el combate al crimen organizado, Rocha Moya permanece protegido por un muro de silencios construido desde el poder.

Si Morena realmente creyera en la inocencia de Rocha Moya ya habríamos visto a la presidenta de su partido, a gobernadores morenistas, a legisladores y a la propia presidenta de la República salir a respaldarlo públicamente. Ya habríamos visto el hashtag “Yo con Rocha”, fotografías con él -que más bien han borrado todas- y concentraciones políticas en su defensa. Pero nada de eso se ha visto, al contrario, muchos han optado por guardar distancia y nadie parece dispuesto a poner las manos al fuego por él.

Resulta además difícil tomar en serio el argumento de la soberanía cuando el propio gobierno federal extraditó el año pasado a decenas de personas requeridas por Estados Unidos en un operativo fast track incluso cuestionado por no seguir el debido proceso. En aquel momento no hubo discursos encendidos sobre intervencionismo ni llamados patrióticos contra la injerencia extranjera. Al contrario, la soberanía parecía perfectamente compatible con la cooperación internacional. Hoy, curiosamente, se vuelve un problema, pero la diferencia no parece estar en el principio jurídico, sino en los nombres involucrados.

Por eso el silencio alrededor de Rocha Moya resulta tan significativo, porque ni siquiera quienes lo protegen están dispuestos a defenderlo públicamente, lo resguardan, pero evitan aparecer a su lado. Por eso caben las preguntas: si están convencidos de que es inocente, ¿por qué nadie se atreve a decir “Yo con Rocha”? Y si no lo están ¿Por qué no lo extraditan? ¿A qué le temen?

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