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Sepultan con honores a un multihomicida

Estamos tan hechos a la idea del pacto de un sector del gobierno con capos del narco, que a pocos sorprendió la exhibición de lujos, música festiva y grúas con arreglos florales en el prolongado funeral de uno los criminales más crueles de la historia de México.

Hay que ser, de veras, indolente para permitir el festejo y los honores al enemigo público número uno de la sociedad y del Estado.

Muy bien que le hayan entregado el cuerpo a la familia, pero el entierro tenía que ser con total discreción y en la más absoluta privacidad.

La banda empezó a tocar antes de las doce del día y a las 17: 30 seguían con la música en el panteón de Zapopan.

Unas 150 coronas de flores transportadas en ocho grúas llegaron al cementerio.

“Entre todas destacó una corona monumental con forma de gallo, elaborada con rosas rojas y detalles blancos, coronada con las siglas CJNG en alusión al apodo del capo, El Señor de los Gallos”, narra Nancy Escobar en la crónica publicada ayer en La Aurora.

“Imágenes difundidas en redes sociales y retomadas por medios tapatíos, mostraron la descarga incesante de arreglos, así como la presencia de hombres y mujeres vestidos de negro, con cubrebocas y lentes que tapaban casi por completo sus rostros. Algunos con prendas de marcas como Versace, Gucci y Louis Vuitton”, cuenta la crónica.

Había gente armada del CJNG.

A un estudiante italiano que se le ocurrió tomar fotos le quitaron el equipo y le dieron una golpiza.Se

Se fue sin sus pertenencias y con la cara ensangrentada entre escoltas del cártel y soldados de la Guardia Nacional.

Cuando murió (en prisión) Totto Rina, el capo de capos de la mafia siciliana, en noviembre de 2017, las autoridades italianas prohibieron un funeral público.

Los familiares del anciano criminal entraron por una puerta lateral a la iglesia de Corleone.

Igual medida se tomó a la muerte de Bernardo Provenzano.

Para cualquier extranjero -como el estudiante italiano apaleado por la mafia en el cementerio de Zapopan-, ver el espectáculo de lujos, caras cubiertas, grúas con arreglos florales y banda musical en el panteón, el difunto debió ser un prohombre de la sociedad mexicana.

No. Era un criminal.

En su captura, los escoltas del capo mataron a una treintena de soldados mexicanos.

Mandó asesinar al entonces secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México (y hoy secretario federal), Omar García Harfuch.

Mandó matar al periodista Ciro Gómez Leyva, según concluyeron las investigaciones federales.

El homenajeado es responsable de miles de asesinatos, heridos, torturados, desplazados de sus ciudades, extorsionados, secuestrados…

¿Por qué se permitió ese rumboso funeral?

¿Por qué se permitió tal ofensa a los familiares de las víctimas?

Para nadie es un misterio la fusión de Morena y grupos criminales en distintos estados del país, pero lo que vimos en el entierro de Nemesio Oseguera, El Mencho, rebasa cualquier atisbo de empatía del gobierno con las víctimas.

Ya habrá visto García Harfuch hasta qué punto su labor está acotada por el pacto criminal del partido-gobierno con los cárteles de las drogas.

La pasividad de la población ante el tamaño de la afrenta nos recuerda, también, el papel de los medios de comunicación: derribar el muro de la indiferencia. O intentarlo, al menos.