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Sin crecimiento

El INEGI dio a conocer la estimación del crecimiento del producto interno bruto (PIB) al cuarto trimestre de 2025. La variación preliminar ubica un aumento real de 0.8% contra el tercer trimestre y de 1.6% con respecto del cuarto trimestre de 2024. Estos porcentajes son favorables si se toman como referencia los resultados negativos del trimestre anterior. Sin embargo, la trayectoria de la economía para producir bienes y servicios listos para su consumo final no es favorable. El crecimiento inercial pospandemia ha ido a la baja. El efecto Trump, así como políticas y reformas internas afectaron la dinámica económica.

Entre 2012 y 2018 el crecimiento promedio anual del PIB fue de 2.0%; en el siguiente sexenio disminuyó a 0.8% y, en 2025, apenas alcanzó 0.7% anual. Con más detalle, en 2018 el crecimiento (mediocre se decía) fue de 2.0% anual. Luego en 2019 (previo a la pandemia) ya fue negativo (-0.4%).  En los años siguientes, por la pandemia, el cierre de la economía provoca una gran caída de la producción, -8.6% anual y un “rebote” posterior de +6.3% anual.

A partir de 2022, las disrupciones en las cadenas globales de suministro impulsaron a las grandes economías a buscar alternativas más cercanas de aprovisionamiento, lo que se convirtió en el “nearshoring”. En México, este proceso favoreció la recuperación de la inversión interna y externa y permitió crecimientos superiores al 3% anual, aunque con tendencia descendente. De un crecimiento de 3.7% anual en 2022 se llega a 1.1% anual en 2024. La cifra preliminar de 2025 no alcanzó el 1%, ubicándose en 0.7% anual, apoyada principalmente por el desempeño de parte del sector agropecuario, que revirtió un bienio de estancamiento.

Coincidentemente, desde mediados de 2024 la inversión fija bruta y, durante 2025, las importaciones de bienes de capital, registran variaciones anuales negativas. Este comportamiento explica la preocupación gubernamental y el diálogo sostenido con académicos y banqueros. Ante este panorama, es necesaria la redefinición del tipo de economía a construir a partir de una deliberación plural, pública, con diagnósticos compartidos y una conducción económica con visión de largo plazo y voluntad de llegar a acuerdos incluyentes con actores políticos, sociales y económicos para acceder a una ruta de crecimiento estable que reduzca pobreza y desigualdad como lo comprometió la propuesta gubernamental.