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Sólo Sheinbaum puede salvar a Sheinbaum

 “Exhausta, duerme cuatro horas, frustración con su equipo, tensa”, es como describe The Wall Street Journal a nuestra presidenta, que vive un acelerado desgaste porque sus instrucciones se ejecutan mal o no se ejecutan.

Sólo ella se puede ayudar a salir del laberinto, porque entró de manera voluntaria y entusiasta a gobernar rodeada de incompetentes, gobernadores turbios y propagandistas expertos en odio y en el arte del engaño.

A la presidenta la engañan con encuestas aceitadas con dinero y contratos del gobierno. Y ella se deja engañar, es el problema.

Los pocos que tienen conocimientos en el equipo presidencial han probado ser unos vividores, que ni de broma le dicen que sus políticas son erróneas y que los logros que le cuentan son de mentira.

Claudia Sheinbaum renunció a la esencia de su vocación científica, que es la duda y la evidencia.

Si la rodean colaboradores ineptos y gobernadores bandoleros o incompetentes, cómo va a crecer la economía, mejorará la justicia y funcionarán programas sectoriales.

No hay manera. En los siete años de Morena el conocimiento es un hándicap en contra.

La sumisión es la regla.

Una muestra reciente la tuvimos en la selección de nuevos consejeros del INE.

A la expresidenta del Tribunal Electoral de la Federación, maestra y doctora en derecho electoral, que trabajó en todos los cargos en el IFE y en el INE, María del Carmen Alanís, la descalificaron por “no idónea” para ser consejera del Instituto Electoral.

Su descalificación sirvió para exhibir la farsa.

Exhibió que en el México de los gobiernos de Morena saber estorba, tener honestidad intelectual es un defecto imperdonable, conducirse con rectitud es tomar el camino equivocado y que el valor supremo es la sumisión.

En lugar de María del Carmen Alanís entró Arturo Manuel Chávez, cuyo mérito es su cercanía con la presidenta Sheinbaum, a cuyas órdenes trabajó y luego fue uno de sus abogados en la elección de 2024.

Su experiencia electoral es, según dijo, haber sido funcionario en una casilla y ser responsable de la impresión de las boletas electorales en su calidad de director de Talleres Gráficos de la Nación, es decir funcionario de la secretaría de Gobernación.

Fue una farsa de selección para capturar al órgano superior del INE y no dejar ninguna posibilidad de que ahí llegue una persona que no puedan controlar.

A una persona que tuvo ideales limpios (aunque equivocados, es lo de menos), vivir en la farsa y tener como subordinados a ineptos, rufianes y vivales, seguramente le provoca insomnio, estrés y todo lo que dice el WSJ.

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