“Ten cuidado con lo que deseas, porque se puede cumplir”, dice un proverbio chino. “Pruebas”, pidió Claudia Sheinbaum cuando solicitaron la extradición de Rocha Moya. “Pruebas”, insistió Sheinbaum cuando supo que se investigaba en Estados Unidos a Alfonso Durazo y a Américo Villarreal. “Pruebas, pruebas”, exigió la presidenta al enterarse de que el Departamento del Tesoro de nuestro vecino advirtió que los cárteles usan las ganancias del huachicol fiscal (mayores que las del narcotráfico) para financiar las campañas de Morena.
¿Qué va a pasar cuando inicien los juicios y se comiencen a ventilar las pruebas y se sucedan los testigos? Es previsible que intenten descalificar a los testigos: ¿cómo se les va a creer a criminales? Dirán que los testigos buscan obtener algún beneficio a cambio de que incriminen a los acusados. De nada servirá que se les recuerde que de esa forma condenaron a García Luna y que ellos festejaron ese proceder de la justicia norteamericana. La presidenta descalificará pruebas y testimonios con frases bobas dichas en tono severo. La televisión y la radio repetirán hasta la náusea sus frases. Invadirán las redes con sus influencers y las inundarán con sus descalificaciones. Intentarán bloquear a los periodistas que repitan testimonios incriminadores. Lo patriótico será ignorar esas pruebas. Si se les da crédito será uno tachado de mal mexicano, entreguista, traidor. Si las revelaciones en algo afectan la popularidad de los candidatos de Morena que estén en campaña, queda el recurso de anular las elecciones por “injerencia extranjera”. No habrá tribunales independientes para ampararse contra esas decisiones. El tribunal electoral aprobará cualquier abyección que le proponga el Ejecutivo. Aquel que intente reproducir en sus redes los videos de Sheinbaum exigiendo “pruebas, pruebas” será sancionado con las leyes que ahora mismo el gobierno está impulsando.
La presidenta pide pruebas de que los cárteles financian y actúan a favor de los candidatos de Morena. Pruebas las tiene delante de los ojos desde hace cinco años. Elecciones de junio de 2021. Los cárteles del narcotráfico intervinieron en las campañas en Baja California, Sonora, Sinaloa, Nayarit, Michoacán y Tamaulipas a favor del partido oficial.
¿En qué consistió el apoyo que Morena y su candidato Rubén Rocha Moya solicitaron del Cártel de Sinaloa en las elecciones de 2021? Amenazas, homicidios, secuestros, coacción violenta del voto, selección de candidaturas.
¿Por qué no se presentaron denuncias? Ningún abogado quiso aceptar los casos, por miedo a las represalias. Los afectados fueron amenazados de muerte si se atrevían a denunciar. Los partidos de oposición (PAN, PRI y PRD) redactaron un minucioso informe que presentaron ante la OEA y la CIDH en agosto de 2021. El informe incluye el testimonio de “cientos de militantes, de más de mil 200 notas y crónicas periodísticas locales y nacionales, de las denuncias recogidas en las redes sociales, de versiones ofrecidas por ciudadanos, políticos y autoridades” (Héctor de Mauleón, “La elección del narco”, Nexos, 1.Sep.22). Si la presidenta quiere “pruebas” no tiene que esperar a que se las envíen desde Estados Unidos, puede buscar y leer este informe.
Solicitar pruebas no es una exigencia de respeto a la soberanía. Las pruebas y testimonios abundan. La de la presidenta es una forma legaloide de amparar a los criminales. Es una manifestación profunda y gravísima de la complicidad de la clase gobernante con los cárteles criminales. El fuego está llegando a los aparejos. Día a día la presión se hará mayor. El juego a la defensiva se está desgastando. Es momento de buscar alternativas.
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