Houston, Texas. Anoche el cielo estaba limpio, pero los que saben dicen que lloverá y eso también influye. Votar o no votar.
Aquí se libra una de las batallas políticas más importantes de Estados Unidos, en la que no sólo se juega la gubernatura de Texas y un escaño en el Senado: está en disputa la hegemonía republicana en uno de los estados más poderosos del país y, con ella, tal vez, el futuro político de Donald Trump.
Texas no tiene un gobernador demócrata desde 1990, cuando ganó Ann Richards, ni ha elegido un senador demócrata desde 1988.
Este ha sido un bastión republicano, pero hoy todo puede cambiar.
La demócrata de origen mexicano, Gina Hinojosa, disputa la gubernatura al republicano Greg Abbott, uno de los principales aliados de Trump y defensor de su política migratoria.
Gina Hinojosa podría hacer historia este día, al convertirse en la primera gobernadora latina de Texas y poner fin a 32 años de gobiernos republicanos.
De ganar, el vuelco político en Texas sería espectacular. Ella, nacida y criada en Brownsville, es abogada laboralista y defensora de los derechos civiles. Representa todo lo contrario del actual gobernador Greg Abbott, un trumpista de hueso colorado.
La otra contienda es por un escaño en el Senado, entre el demócrata James Talarico contra Ken Paxton, actual procurador general de Texas y figura del movimiento MAGA.
Así es que el Senado de Estados Unidos también pasa por Texas. Los demócratas necesitan ganar cuatro escaños para recuperar la mayoría, y el de Texas forma parte de esa disputa.
Las encuestas explican la dimensión de la batalla.
Marist registró 47 por ciento para Talarico y 45 para Paxton. En la gubernatura, Abbott obtuvo 49 por ciento frente a 45 de Hinojosa. Ambas diferencias están dentro del margen de error.
Otra encuesta, de la Universidad de Texas, puso a Talarico con 50 por ciento contra 47 de Paxton, mientras Hinojosa aparecía un punto arriba de Abbott.
Texas es mucho más que un estado bastión de los republicanos. Tiene 40 votos electorales para elegir presidente, solamente detrás de California.
Un vuelco en su comportamiento electoral alteraría las cuentas nacionales de republicanos y demócratas para 2028.
Si los demócratas consiguieran conquistar Texas en una elección presidencial, los republicanos tendrían que encontrar compensaciones electorales de enorme magnitud en otros estados.
La elección ha sido, también, una batalla de dinero.
Según AdImpact, la contienda por el Senado de Texas ha costado 544.5 millones de dólares en publicidad electoral, incluidas las primarias.
Es la elección no presidencial más cara registrada en Estados Unidos.
Los republicanos han gastado 274 millones de dólares en anuncios, contra 133 millones de los demócratas.
Elon Musk desempeña un papel central: ha aportado 158 millones de dólares al Senate Leadership Fund, organización republicana que canalizó esa cantidad a Texas PAC. Su propio comité, America PAC, ha destinado más de 33 millones adicionales a la contienda texana.
A nivel nacional las aportaciones de Musk a organizaciones republicanas suman por lo menos 445 millones de dólares en este proceso electoral.
Más allá de Texas, una derrota republicana en la Cámara de Representantes cambiaría los últimos dos años de la presidencia de Trump.
Una mayoría demócrata podría bloquear nuevas leyes, condicionar presupuestos para ICE y las deportaciones, investigar negocios familiares y presuntos abusos de poder.
Incluso podría abrir un tercer juicio político contra Trump, aunque destituirlo exigiría el voto de dos tercios del Senado. Políticamente, a los demócratas les convendría más tener a Trump desangrándose en la Casa Blanca, que en una silla de acusados en el papel de víctima.
Si los demócratas conquistaran también el Senado podrían bloquear nombramientos judiciales y de altos funcionarios del gobierno.
Trump conservaría sus facultades presidenciales, pero enfrentaría un Congreso capaz de limitar buena parte de su agenda.
Una derrota republicana de grandes proporciones abriría, además, la disputa por el liderazgo del partido y por la sucesión presidencial de 2028.
La pregunta que recorre estas elecciones es si hoy habrá solo un voto de castigo contra Trump, o comenzará una nueva etapa en la política estadounidense.
Buena parte de la respuesta está aquí, en Texas. Lo sabremos hoy.
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