Las cifras de visitantes internacionales que ingresaron al país en 2025 -recién divulgadas por INEGI- parecen sugerir un panorama favorable para la actividad turística del país: 98 millones de visitantes durante el año, 14% más que en 2024; 48 millones de turistas internacionales, de los cuales 27 millones son de internación; flujos récord de divisas con 35 mil millones de dólares, 6.2% más que 2024. Con estos resultados, es muy probable que México retenga la sexta posición en 2025 de los países con más turistas del mundo.
Una mirada más profunda de los datos, sin embargo, revela que algo no anda del todo bien en materia turística. El turismo aéreo, cuyo peso en el flujo de divisas al país representa 80% del total, lleva tres años sin crecer. Los 22.8 millones de turistas aéreos en 2025 son prácticamente los mismos 22.82 millones que llegaron al país en 2023. El estancamiento llama más la atención si se considera que el turismo a nivel global creció 11% y 4%, respectivamente, en 2024 y 2025. Para confirmar lo anterior, cifras recientes del PIB turístico muestran que éste apenas creció 0.1% en los primeros nueve meses del año, su menor nivel desde la pandemia.
Como es costumbre, la narrativa del gobierno ha celebrado las cifras récord destacando que el país “está de moda”, dejando de lado que los turistas más valiosos para el país -el aéreo-, cuyo gasto promedio es 12 veces mayor que el gasto del resto de los visitantes al país, se encuentra estancado.
¿Qué factores explican esta debilidad? Aventuro algunas hipótesis, mismas que el gobierno prefiere ignorar. Primero, es claro que la marca México ha sufrido por años un desgaste derivado de sus problemas de seguridad. Dicha problemática, sin embargo, se agudizó desde 2024 con el ascenso de Donald Trump y varias de las medidas implementadas por su gobierno ya en el poder en 2025. A ello deben sumarse varios eventos de violencia ocurridos en los últimos dos años en zonas turísticas del país que han tenido amplia publicidad internacional.
El desgaste de la marca México, por su parte, no ha venido acompañada por una estrategia de comunicación/promoción que busque contrarrestar la mala publicidad que recibe el país, particularmente en Estados Unidos. Desde la eliminación del Consejo de Promoción Turística en 2019, el país gasta muy pocos recursos para promover sus destinos turísticos principales, lo que ha erosionado su competitividad en un mundo con cada vez mayor oferta turística.
Adicionalmente, es evidente para muchos turistas que arriban al país que su infraestructura aeroportuaria y de conectividad se encuentra saturada (no necesariamente la hotelera). Con pocas excepciones, se nota el país con infraestructura insuficiente para recibir a más turistas, situación que no debe estar pasando desapercibida por quienes visitan al país. Finalmente, la fortaleza del peso -situación fuera de control del gobierno- ha vuelto a México un destino más caro, lo que afecta igualmente su competitividad.
Sin decirlo, el gobierno apuesta a que el Mundial será por sí solo el punto de inflexión para revertir el estancamiento turístico que vive el país. No obstante, los factores antes mencionados sugieren que la problemática es más estructural que meramente un pequeño bache en el camino. Es cierto, México se mantiene como una potencia turística; no obstante, como en muchas otras aéreas, se extrañan políticas públicas que atiendan los factores que están limitando esta importante actividad.
