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Todo comenzó en los bazares de Teherán

El régimen de Irán se resquebraja a costa de más de 2 mil muertos, represión y crisis económica

La mecha se encendió el 28 de diciembre de 2025. El epicentro no fue una universidad, sino el bazar de Teherán. La decisión del Banco Central de eliminar los subsidios al dólar, sumada a una inflación desbocada que disparó el precio de alimentos básicos como el pollo y el aceite en más de un 70%, sacó a los comerciantes —histórico pilar de estabilidad— a las calles.

Para el 31 de diciembre, la rabia económica mutó en insurgencia política. Más de 180 ciudades se unieron bajo consignas que ya no pedían pan, sino el fin de la teocracia. La respuesta del régimen fue quirúrgica y brutal: el 8 de enero de 2026, tras una manifestación histórica en la capital, Irán desapareció del mapa digital.

Un apagón informativo total bloqueó WhatsApp, Telegram y redes VPN, dejando al país en una oscuridad técnica que Amnistía Internacional ha calificado como el velo para una masacre.

El ayatola Alí Jamenei y el sistema clerical que gobierna Irán desde 1979 está ante el mayor desafío de su mandato, y mientras la población cuestiona su legitimidad, el líder ha respondido con un manual de represión que la comunidad internacional ya conoce, pero cuya escala en 2026 no tiene precedentes recientes.

Irán no es un país en protesta; es un sistema en implosión. Lo que el mundo atestigua este enero de 2026 no es solo el levantamiento de una sociedad asfixiada, sino el resquebrajamiento de una estructura geopolítica que sostenía a dictaduras desde el Mediterráneo hasta el Caribe. Mientras las calles de Teherán se tiñen de rojo, el eco de los disparos de la Guardia Revolucionaria resuena con una fuerza inesperada e impacta el mapa geopolítico mundial.

Las cifras, filtradas a cuentagotas por activistas y organizaciones como Iran International, son devastadoras. Se estima que la cifra de muertos supera los 2,000, según algunos activistas y 3 mil 400, según otros grupos defensores de la libertad de expresión, con episodios de violencia extrema en provincias como Shiraz.

La represión no ha discriminado, pues entre los fallecidos hay menores de edad y símbolos de la resistencia juvenil como la estudiante Rubina Aminian, asesinada por disparos en Teherán. Ella ha sido la impulsora de la ola de cientos de jóvenes que han prendido con sus cigarrillos las imágenes del líder Jamenei.

La Generación Z iraní, heredera del movimiento "Mujer, Vida, Libertad" de 2022, es el motor de este cambio. Motivados por un sentimiento de desconexión absoluta con los valores de la República Islámica y un rial devaluado en un 40%, estos jóvenes han decidido que el costo de la libertad es preferible al de una vida sin futuro.

Para ellos, el gobierno del "reformista" Masoud Pezeshkian ha sido una promesa vacía que terminó financiando un aumento del 150% en gasto militar mientras el pueblo pasaba hambre.

El factor Trump y el vacío de poder en Venezuela

En Washington, el regreso de Donald Trump ha inyectado un elemento de alta volatilidad. El 13 de enero de 2026, Trump elevó la apuesta: canceló todo diálogo con Teherán y lanzó la consigna “Make Iran Great Again” (MIGA), advirtiendo que su administración "golpeará muy duro" si la matanza no cesa.

Pero la implicación más sísmica de esta crisis es su carácter transcontinental. La debilidad del régimen del Ayatola Alí Jamenei, obligado a replegar sus recursos de inteligencia y financieros para sofocar su propia rebelión, dejó huérfano a su aliado más estratégico en Occidente.

La reciente captura de Nicolás Maduro no puede entenderse sin el colapso de este "Eje de Resistencia". Sin el apoyo logístico, el combustible y la protección de los operativos de la Fuerza Quds iraní, el muro de contención del chavismo se desmoronó, permitiendo una acción que hace apenas meses parecía imposible.

La "flota de las sombras" que transportaba petróleo entre ambos países se ha paralizado, y con ella, el flujo de oro y recursos que mantenía la lealtad de la cúpula militar venezolana. La caída de Maduro no es un evento aislado, sino el resultado directo del colapso de dicho eje, que Teherán lideraba.

Un régimen contra la pared

El Ayatola Jamenei insiste en que los manifestantes son "sirvientes de potencias extranjeras", pero el despliegue de la fuerza letal y los más de 16 mil 700 detenidos sugieren que el miedo ha cambiado de bando. A diferencia de crisis anteriores, el régimen se encuentra aislado: Rusia y China, ocupados en sus propios frentes, no han enviado el salvavidas esperado.

Hoy, Irán es el primer dominó de un nuevo orden mundial. La sangre derramada en Teherán este enero no solo cuestiona la supervivencia de una teocracia de 47 años, sino que ha demostrado que, en un mundo interconectado, la caída de un pilar en el Golfo Pérsico puede significar el fin de un dictador al otro lado del Atlántico.

En el contexto actual, Irán no es solo un país en crisis, sino el epicentro de un cambio de era que trae consigo otras implicaciones:

  • Volatilidad Energética: Irán es un actor clave en el Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo mundial. Las protestas y el caos interno han provocado fluctuaciones violentas en el precio del crudo, obligando a los países de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) a renegociar cuotas para evitar una recesión global.
  • Debilitamiento de Rusia y China: Irán ha sido el principal proveedor de drones y misiles para Rusia en su guerra en Ucrania. El desvío de estos recursos para el control interno iraní ha dejado a Moscú con brechas de suministro críticas. China, por su parte, ve amenazada su mayor fuente de energía barata y su proyecto de la "Franja y la Ruta" en la región.
  • Reconfiguración del Medio Oriente: El debilitamiento del régimen de los Ayatolas ha permitido que Israel y los países del Golfo (bajo los Acuerdos de Abraham) consoliden un nuevo orden regional, aislando a grupos como Hezbolá y Hamas, que han perdido su financiamiento principal desde Teherán.
  • Seguridad Nuclear: La comunidad internacional teme que, ante el riesgo de caer, el régimen iraní acelere su programa nuclear como última carta de negociación o "botón de pánico", lo que mantiene al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y a las potencias occidentales en alerta máxima.

El modelo de "Gobernanza Digital": El apagón informativo en Irán se ha convertido en un caso de estudio global. Si el régimen logra sobrevivir mediante el control total de internet, sentará un precedente para otras autocracias. Si falla, demostrará que la tecnología satelital (como Starlink, propiedad del magnate Elon Musk) ha hecho obsoleta la censura