Al finalizar el primer año del segundo mandato de Trump, la economía estadounidense muestra una paradoja: los indicadores macroeconómicos reflejan un crecimiento acelerado, pero la mejoría en el "bolsillo" de los hogares es sólo para algunos.
Responder si los estadounidenses están hoy mejor que en el último año de Joe Biden requiere mirar más allá del PIB y entender la nueva dinámica entre impuestos, vivienda y tasas de interés.
En 2025 el PIB real creció un 4.4% anualizado, superando el 2.3% del último año de Biden, aunque este dinamismo se tradujo en una “expansión sin empleo”. En 2024 se crearon casi dos millones de empleos, mientras que en 2025 solo fueron 584,000, resultado de empresas que priorizan eficiencia sobre contrataciones masivas.
Para el trabajador promedio, el alivio proviene de la política tributaria y migratoria. La Ley OBBBA (One Big Beautiful Bill Act) eliminó impuestos sobre propinas y horas extras, lo que representa hasta $1,400 adicionales anuales en el ingreso neto de millones de personas.
Además, la drástica reducción de la migración —de dos millones a casi cero— disminuyó la competencia laboral en sectores de bajos salarios, permitiendo que el ingreso real crezca un 1% tras años de erosión inflacionaria.
La vivienda, sin embargo, divide al país. Los inquilinos han encontrado un respiro: el alquiler mediano nacional para una casa de tres habitaciones se estancó en $2,100, y la carga de la renta sobre el ingreso cayó del 24.9% al 23.4% gracias a una oferta histórica de departamentos.
Pero para los compradores, el sueño sigue lejano. Con pagos hipotecarios mensuales en la mediana de $2,205, adquirir una casa es hoy un 38% más caro que rentar una propiedad equivalente.
El mercado inmobiliario está congelado: el 77% de los propietarios actuales tienen tasas bajas en sus hipotecas y se niegan a vender, manteniendo los precios elevados.
¿Podrían estar mejor? Sí, pero la pieza faltante son tasas de interés más bajas, no solo por popularidad electoral, sino por supervivencia fiscal. En 2025, el gobierno federal pagó un récord de $1.3 billones de dólares solo en intereses de la deuda, superando el presupuesto de defensa.
Sin "dinero barato", el costo de la deuda y la incertidumbre por los aranceles —que subieron del 2.5% al 16.5%— amenazan con devorar los beneficios fiscales de la OBBBA.
Esta situación ha generado tensiones entre Trump y la Reserva Federal, incluyendo el uso del Departamento de Justicia -que debe mantenerse independiente- para investigar penalmente al presidente de la Fed.
Este conflicto pone en entredicho la credibilidad de Estados Unidos ante los inversionistas globales, ya que el país depende de la confianza en un banco central independiente para proteger el poder adquisitivo del dólar sin interferencias políticas
En resumen, el estadounidense promedio tiene hoy un ingreso disponible ligeramente superior y paga rentas más estables que en 2024.
No obstante, este bienestar es frágil, amenazado por un mercado laboral menos dinámico y un acceso a la vivienda que sigue siendo un privilegio. El éxito del modelo Trump 2.0 depende de tasas más bajas, pero estas no pueden reducirse por mandato presidencial.
El director de JPMorgan ya le respondió a Trump que es una mala idea ponerles techo a las tasas de las tarjetas de crédito. La bonanza actual podría ser solo un respiro temporal antes de que el peso de los intereses y el proteccionismo impongan su factura.
