...

Información para decidir con libertad

Tres llamadas… tres

Madrid.- Hace 26 años recibí dos llamadas desde Alemania. La primera era de Carlos Castillo Peraza, mi jefe y socio en el despacho Humanismo, Desarrollo y Democracia (HDD) para decirme que al día siguiente saldría temprano de la casa donde su amigo Hans Weiss y familia le hospedaban en Bonn. Se trasladaría a primera hora a Frankfurt, para volar hacia la Ciudad de México. Me preguntó si no se me ofrecía nada. Me pidió que fuera a recogerle al aeropuerto, porque quería platicar conmigo algunas buenas ideas para HDD. Le desee buen viaje y quedamos de vernos acá.

Siete horas más tarde se produjo la segunda llamada desde Alemania. Estaba yo en mi casa en Coyoacán cuando sonó el teléfono. Era Hans Weiss para comunicarme el fallecimiento de Carlos. Durante la noche, un infarto fulminante había acabado con la vida de ese yucateco ilustre.

De inmediato hablé con dos socios del despacho y acordamos trasladarnos de inmediato para ir a transmitir la lamentable noticia a la familia de Carlos: a su esposa Julieta y a sus hijos Carlos, Julio y Juan Pablo.

A partir de ese momento, me encargué de la repatriación de los restos mortales de quien fue mi maestro, mi jefe, mi socio y lo más importante, un gran gran amigo.

Fueron momentos inmensamente tristes y agobiantes. La noticia sacudió a toda la clase política nacional. En esa situación, apareció la generosa e invaluable ayuda del presidente Zedillo y de su secretario particular Liébano Sáenz para dicha repatriación. Nunca olvidaré ese gran gesto.

Los restos mortales de Carlos llegaron en un vuelo de Air France. Dos días después viajamos hasta Mérida, Yucatán, para depositar sus cenizas en su ciudad natal.

Hoy, a 26 años de su partida, Carlos Castillo parece llamarnos, no desde Alemania, pero sí para recordarnos su apuesta por la democracia, por la libertad, por la formación de ciudadanos, por la recuperación del diálogo político (sea entre partidos políticos y sea entre los partidos y el gobierno). Castillo Peraza creyó y dedicó todos su afanes para el fortalecimiento institucional de un arbitraje electoral ciudadano como lo fue el Instituto Federal Electoral (IFE). Carlos no tuvo reparo alguno en dialogar con el gobierno las veces que fueron necesarias. Carlos debatió con todos los actores políticos de ese tiempo. Su oficina era una puerta siempre abierta para dialogar en la diversidad de opiniones.

Castillo Peraza tenía la férrea convicción del cuidado de la palabra en la negociación política. Durante su liderazgo nacional del PAN, Castillo demostró una retórica opositora firme, siempre en defensa de la democracia y el Estado de derecho. Había adversarios, no enemigos. Una retórica dura cuando se requirió y siempre respetuosa. Recuerdo que una vez me dijo: “…hay que cuidar la palabra en política, no es lo mismo 'vete' que 'lárgate'”.

Sus interlocutores con los que tuvo trato coinciden en la inteligencia y la invaluable aportación democrática de Carlos Castillo Peraza. Eran tiempos donde no habían recursos económicos. No existían las redes sociales. El PAN de Carlos Castillo estaba ubicado en la vieja casona de Ángel Urraza, en la colonia del Valle. En esa sede ejerció un liderazgo partidista que siempre sabía animar a su equipo. Recuerdo que en una ocasión nos encomendó una tarea importante del partido. Nos dijo: “Mira Graue, grábate esto: la palabra confianza es “unión de fe”, yo confío en ustedes”. Carlos era un líder que delegaba y confiaba en sus colaboradores. Con ese espíritu hicimos infinidad de campañas políticas. Perdíamos muchas y ganábamos otras. Sabíamos perder elecciones con dignidad y defendíamos a cabalidad nuestros triunfos.

Castillo Peraza fue un visionario de la alternancia política. Creía férreamente en ello. Y hoy, 26 años después, resulta fundamental entender esta llamada para que los partidos de oposición en México trabajen en ese mismo sentido y rumbo. Tres llamadas…tres.

Recomendar Nota

Facebook
X / Twitter
WhatsApp