24 horas. Sólo cuando Marx Arriaga escaló su beligerancia hasta la presidenta Sheinbaum, exaltando hasta el delirio la figura del expresidente López Obrador, llegó la orden de cesar a este desquiciado funcionario de cuarto nivel de la SEP. En cambio, para que la presidenta prometiera no cambiar los contenidos antipedagógicos de los libros de texto y para que la Secretaría de Educación matizara un acierto de 24 horas de vida, bastó que Arriaga anunciara su desacato a la orden de despido con la ‘ocupación’ de una oficina del gobierno, armado con una conexión a Facebook. “Marx Arriaga tiene todo nuestro respeto y la SEP siempre será su casa”, se postró la institución la tarde del sábado, a los pies del ‘ocupa’ al que se le quiso notificar su remoción apenas la tarde del viernes.
A falta de un Scherer. Ya vendrá un Julio Scherer que relate esta historia desde adentro. Pero lo registrado públicamente de este esperpento en curso deja la percepción de una institución del Estado escriturada a favor de un ejemplar del régimen de la rodada de Noroña. Un personaje en el rol de vicario del poder redentor de Palenque con la impunidad derivada de esa condición.
Incompatible. La “obra educativa” de Marx Arriaga -demagógica, aldeana, anticientífica- desafía todo intento del gobierno de responder a las exigencias del país para salir del marasmo heredado. Y para enfrentar las turbulencias del exterior. El detalle está en que la ‘nueva escuela mexicana’ y sus libros de texto resultan incompatibles con los postulados y las buenas intenciones del Plan México.
Sinuosidades. La reversión del paso dado el viernes enviaría una señal desastrosa a quienes confían en la estrategia gradualista de la presidenta Sheinbaum para seguir corrigiendo las peores herencias de su antecesor, aun con las sinuosidades de este fin de semana.
