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Un regaño para los adelantados…

Guadalajara, Jal.- Si hay algo que les sobra a las y los políticos es ego. Una desmesurada necesidad de que se les reconozca, aplauda y celebre por cada paso que dan. Qué importa si es hacia adelante o hacia atrás.

¿Te subieron el precio del transporte? No hay bronca: impriman más camiones. ¿Agua sucia y con olor a azufre? Sáquense un programa emergente de píldoras de cloro y filtros. ¿Inseguridad latente? Un recorridito por el municipio y se pacifica en 100 días.

Ahora sí: prendan al aplausómetro y súbanle al volumen.

El problema es que esa estirpe que vive del dinero de las personas ansía que el periodo del que está al mando termine lo antes posible. Mientras chocan las palmas hasta sangrar cuando el elegido o la elegida están observando, por debajo de la mesa cocinan su estrategia para saltar a la fama y reemplazar.

Y es ahí donde surgen las traiciones, los celos, las grillas y los brincos de partido. Todos quieren un pedazo del pastel, pero éste no alcanza.

Tanta es el hambre de poder, que en todos los partidos ya hay perfiles que han hecho público su deseo por estar en la lista de votables. Y en su inmensa arrogancia iniciaron su propia campaña, cómo no, con el dinero de las personas.

En las últimas dos semanas, en Jalisco han comenzado a circular encuestas “de salida” (lo que eso le diga al ciudadano) sobre los potenciales aspirantes a la alcaldía de Guadalajara, dentro del partido Morena.

Y como el que paga gana, resulta que todos los que han difundido sus resultados salen victoriosos con un margen tan alto que los llevaría a dirigir no sólo al municipio capital, sino al país entero.

El problema es que la fórmula se está desgastando. Tanto, que Morena mismo llamó al orden.

La dirigente estatal del partido guinda, Érika Pérez García, ordenó meter freno a todo aquel político que ya está gastando en pintar bardas, colocar anuncios espectaculares o cocinar encuestas a la carta.

Mientras la clase política cree que la gente está ansiosa de que inicien las campañas, los ciudadanos de a pie hacen muecas de asco ante las sonrisas fingidas de esos políticos de bolsillo.

En Guadalajara, la diputada federal Merilyn Gómez Pozos, la legisladora local Itzul Barrera y el regidor José María Martínez ya comenzaron a hacer proselitismo. Y el acuerdo, que por supuesto trae consigo el soporte de Presidencia, es que paren ya. Y si no lo hacen, cualquier militante puede quejarse ante una instancia tan pomposa como ineficaz: la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia.

En esencia, quienes sean detectados por esa entelequia (¿o hay en serio una instancia en México que procure honestidad y justicia?) podrían ser sancionados y retirarles el sueño de candidatearlos.

La carrera no ha iniciado. Y aunque los políticos están ansiosos, primero está el Mundial y luego el jolgorio electoral.

Morena está preparándose, sí, pero con el rochamoyazo en Sinaloa y con Estados Unidos presionando para que México haga más contra el tráfico de fentanilo y los cárteles de las drogas, el mensaje es simple: ya hay los suficientes frentes abiertos como para lidiar con los de casa.

Así que está claro: o le bajan a su espuma o se les echa a perder el numerito. Porque ni ha arrancado la contienda y ya están enseñando lo único que sí traen listo: el hambre.

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