Migue Cane Hay películas que se recuerdan toda la vida por un encuadre, una toma, una escena, por una interpretación o por un giro argumental. Otras, por su contexto histórico. También están las que, como Juego de lágrimas (The Crying Game), trascienden todo eso para instalarse en un territorio incómodo y fascinante: el de las certezas que se desmoronan. En 1992, Neil Jordan no sólo dirigió un thriller político ambientado en el conflicto norirlandés, entonces todavía vigente y en uno …
