Zavel Castro Cuando comencé mi camino como crítica teatral, había un director y dramaturgo, pocos años mayor que yo, que se empeñaba en corregir mi discurso, o al menos lo intentaba, en especial cuando mis opiniones no eran complacientes con el trabajo de sus congéneres y amigos. Aprovechando la cercanía profesional que manteníamos en aquel entonces, me contactaba después de cada publicación para explicarme por qué mis impresiones eran erróneas y tratar de rectificar mi pensamiento. Incluso me recomendaba qué …
