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¿Viví la democracia?

Miembro de la generación X crecí y me desarrollé en un México de reconocimiento y protección de las libertades; en ese contexto, probablemente el esfuerzo nacional que superó las agendas coyunturales fue la construcción de una muy sólida democracia electoral. Miles y miles de millones de pesos fueron invertidos durante décadas para consolidar un sistema donde el partido en el poder se viera cada vez más dificultado para utilizar los recursos y funciones públicos como mecanismo de proselitismo electoral.

Participé votando en las elecciones que llevaron a la presidencia a Zedillo (1994), Fox (2000), Calderón (2006), Peña (2012), López (2018) y Sheinbaum (2024). Tres diferentes partidos en seis elecciones. La alternancia alimentó mi experiencia. Sin embargo, no estoy seguro de que nos hubiera convertido en una nación democrática.

Nos quedamos en, y probablemente perdimos ya, la democracia electoral. Ni los partidos, ni las instituciones, ni las empresas, ni las organizaciones dieron pasos democráticos que hubieran consolidado dicha figura en nuestra sociedad.

Fuimos y somos más súbditos que ciudadanos. Todavía esperamos que el gobierno mande, dirija y hasta predique. Una simple función administrativa de servicios públicos la pretendemos como un designio cuasi mesiánico forjador de milagros.

Ahora ya sabemos que la democracia electoral estará contaminada mientras los electores se encuentren más motivados por el hambre o la falsa promesa, y haya ausencia de una voluntad madura y razonada.

La democracia electoral fue un gran esfuerzo generacional para el desarrollo político de nuestro país; pero no es, y menos será, la herramienta con la que enfrentaremos los retos sociales en el inicio de este milenio.

Para ser una sociedad democrática debemos empezar a comportarnos como verdaderos ciudadanos, conocedores de nuestros derechos y obligaciones. Haciendo valer los primeros cumpliendo con las segundas. Hay cientos de ejemplos de maneras en las que cualquier mexicano podría colaborar para tener una convivencia más respetuosa, con mayor confianza en las autoridades sujetas a efectivos procesos de rendición de cuentas y mecanismos de solución de conflictos transparentes y expeditos.

Con las tecnologías actuales es mucho más fácil participar en nuestro desarrollo social, pues no hay régimen que pueda controlar totalmente el uso de las plataformas tecnológicas a una generación que nació con ellas.

Lo cierto es que creo que no, todavía no viví la verdadera democracia, pero su semilla ya está plantada en nuestra generación.