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La violencia verbal de la presidenta

La violencia empieza con la palabra y hacia allá nos lleva el lenguaje guerracivilista de la presidenta Sheinbaum.

Quienes no estén de acuerdo con su reforma electoral "serán señalados, el pueblo los va a señalar, la gente los va a señalar… lo que estamos planteando no es una ocurrencia, es algo que viene del sentimiento del pueblo”.

Terrible el lenguaje de la presidenta de todos nosotros. De ningún criminal se ha expresado así.

Le siguió la secretaria general del partido gobernante -Morena-, Carolina Rangel, que expuso: “Lo que emana del pueblo jamás puede estar fuera de proporción, sobre todo cuando implica la conquista de derechos”.

El proyecto de reforma electoral no lo conoce prácticamente nadie y muy pocos de ellos lo entienden.

¿De dónde sacan que emanó del pueblo?

Ha aflorado, y con fuerza, el mesianismo en la presidenta.

Como a Mahoma un ángel le dictó los versos del Corán, a ella el pueblo le dictó la reforma electoral.

Morena es un partido que obtuvo en la elección de diputados 40.8 por ciento de los votos. Es una minoría.

Suplantó la voluntad mayoritaria de la población, que le dio a la coalición gobernante 53 por ciento de los votos, y el fraude a la Constitución cometido por consejeros del INE y magistrados del Trife le otorgó 73 por ciento de las curules en la Cámara de Diputados.

Los votantes dieron a la oposición 41.5 de los votos, y el fraude a la Constitución les dejó sólo 25.6 por ciento de la representación en San Lázaro.

Tal mayoría es espuria. Producto de un fraude.

La mayoría calificada que de manera fraudulenta el INE y el Trife le dieron a la coalición gobernante en la Cámara de Diputados, le ha permitido cambiar la Constitución.

Así Morena se apropió del instrumento común que teníamos todos: la Constitución.

De ese asalto, golpe blando, o como quiera llamarse, viene ahora la puntilla al sistema democrático: la reforma electoral.

Una reforma que legaliza la censura, apaga la luz del PREP, amaña el sentido de las diputaciones plurinominales, alienta la intromisión del crimen organizado en las campañas e introduce el “acordeón” por la cantidad de nombres entre los que deberemos elegir, ¿es el sentimiento del pueblo?

De ser así, qué complicado dicta el pueblo sus anhelos.

Al pueblo, con esa sofisticación, no lo entiende ni una expresidenta de Morena, Yeidckol Polevnsky: “Imagínense, un diputado de mayoría va a hacer campaña en un distrito electoral y un pluri en cinco estados y 40 distritos”.

Qué sofisticado es el pueblo, según dice la presidenta que plasmó esos sentimientos en una iniciativa de reforma a la Constitución.

Además, ¿quién va a pagar eso?

Morena tiene el dinero del gobierno federal, gobiernos estatales y del crimen organizado.

No hay una línea que castigue el apoyo del narcotráfico y el huachicol fiscal en las campañas.

Morena no se ata de manos. Gobierna con el narco en estados del norte y paga campañas con el dinero del atraco más grande de la historia a la hacienda pública: el huachicol fiscal.

Claudia Sheinbaum amenaza al 59 por ciento de la población que no votó por Morena: “Serán señalados, el pueblo los va a señalar, la gente los va a señalar”.

Del lenguaje guerracivilista de la presidenta a la violencia física hay solo un paso.

Siempre dijimos que el santo patrono de López Obrador era Hugo Chávez.

También, por añadidura, de Claudia Sheinbaum.

En ese horno estamos.