“La música es el arte de organizar sensible y lógicamente una combinación coherente de sonidos y silencios, utilizando principios fundamentales como la melodía, la armonía y el ritmo”. Como definición académica está bien, pero le falta lo esencial: el sentimiento.
Podemos afirmar que la música nace junto con la conciencia del hombre, es casi consustancial a su naturaleza, ya sea para festejar sus iniciales ritos religiosos o de cacerías expresados en la cuevas prehistóricas hasta la música contemporánea. La capacidad de crear música es una cualidad exclusivamente humana.
En todas las civilizaciones conocidas por el hombre, la música ha estado presente de diversas formas. Con el paso de los siglos se fueron incorporando instrumentos cada vez más complejos. Gracias a Guido d’Arezzo (siglo XI) conocemos las notas y el pentagrama, así fuimos capaces de leer música y preservarla.
Llegaron Bach y luego Mozart, uno cumbre del barroco, el otro del clasicismo, genios universales de la música y símbolos de perfección casi divina.
Contemporáneo y admirador de Mozart, irrumpe Beethoven. Con una fuerza sobrenatural, a diferencia de todos sus antecesores, incluyendo a Bach, decide colocar como centro de su arte el corazón del hombre y a su musa máxima: la naturaleza.
Beethoven es sin duda el músico de la libertad por antonomasia. Nace el romanticismo, la individualidad heroica por encima de los convencionalismos sociales.
Mozart fue perfección y claridad, Beethoven nos legó la emoción de la música para el hombre de todos los tiempos.
Ya con graves problemas de sordera, estrena de forma simultánea su sexta y quinta sinfonías (las presentó en ese orden). Más diferentes, imposible.
Le recomiendo escuchar el segundo movimiento de la sexta sinfonía bajo la dirección de Furtwängler, en mi opinión, el mejor director de la historia.
Beethoven logra trasceneder la exclusividad de los salones de las cortes principescas, para convertirse en el primer compositor verdaderamente popular, de culto. Su funeral fue uno de los más tumultuosos de Austria y paralizó Viena por completo.
Beethoven es de esos “artistas únicos” que nos hacen mejores personas y que despiertan en nosotros emociones que no imaginábamos. Capaz de conmoverte hasta las lágrimas o acompañarte en una oración.
Representado, para bien o para mal, en libros, películas e inclusive en caricaturas. Ya un poco en el colmo, su Oda a la alegría (poema original de Schiller) ha sido cantada (destrozada) por personajes como José Luis Rodríguez, El Puma.
Infinita gratitud a mi papá que nos transmitió a sus hijas e hijos su amor por la música y su admiración por Beethoven. Nos marcó de por vida.
En su tránsito a la vida eterna, mi padre pidió escuchar el tercer movimiento de la novena sinfonía. Misión cumplida. Gracias Ludwig.
Pancho Graue
