De 2020 a la fecha, el país ha descendido, según la clasificación del proyecto V-Dem, porque ya no cumple con los estándares de una democracia funcional
De 2020 a la fecha, el país ha descendido, según la clasificación del proyecto V-Dem, porque ya no cumple con los estándares de una democracia funcional

Los datos más recientes del V-Dem Latin American Regional Center, uno de los sistemas de medición de democracia más amplios del mundo, muestran una tendencia preocupante para México, que descendió gradualmente en los índices de calidad democrática hasta ubicarse en la categoría de “autocracia electoral”.
La autocracia electoral es un régimen donde existen elecciones multipartidistas formales, pero las condiciones institucionales —libertad de prensa, independencia judicial, equilibrio de poderes o competencia política efectiva— son insuficientes para garantizar que el poder pueda cambiar de manos en condiciones realmente equitativas.
En otras palabras, hay elecciones, pero el entorno político reduce la posibilidad de una competencia democrática plena. En ese sentido, México está al nivel de naciones como Sierra Leona, Benín o Zambia, cuando en ediciones anteriores superaba a estas por mejores condiciones democráticas
El deterioro no es abrupto, sino progresivo. Los gráficos del informe muestran que el Índice de Democracia Liberal (LDI) de México —que mide la calidad del sistema electoral, el estado de derecho y la protección de libertades civiles— se ha reducido de forma sostenida desde mediados de la década pasada.
Si a principios de los años 2000 México se ubicaba claramente en la zona de democracia electoral, hacia la década de 2020 el país desciende hacia un terreno intermedio que, según la clasificación del proyecto V-Dem, ya no cumple plenamente con los estándares de una democracia funcional.
Para comprender el significado de este descenso conviene revisar el marco conceptual que utiliza V-Dem. En su tipología global, los regímenes políticos se ubican en cinco categorías: autocracia cerrada, autocracia electoral, zona gris, democracia electoral y democracia liberal.
Esta categoría es particularmente relevante para entender las democracias contemporáneas que no han desaparecido formalmente, pero sí han experimentado una erosión institucional.
El informe global de 2025 coloca a México dentro del grupo de países que han experimentado procesos de “autocratización independiente”, es decir, naciones donde el deterioro democrático ha ocurrido sin un colapso institucional inmediato ni una ruptura constitucional evidente.
En el gráfico de evolución del Índice de Democracia Liberal, México aparece en una trayectoria descendente desde 2018. Mientras países como Estados Unidos, Grecia, Argentina o Perú muestran caídas moderadas dentro del espectro democrático, México atraviesa una pendiente más pronunciada que lo acerca a los valores característicos de regímenes híbridos.
La tendencia es clara: el indicador mexicano se desplaza desde valores cercanos a 0.5 o 0.6 en la escala de democracia liberal hacia niveles cercanos a 0.3, lo que lo aproxima a la zona de autocracias electorales, donde también aparecen países como India, Serbia o Hungría en diferentes etapas de deterioro institucional.
El descenso del índice no responde a un único evento político, sino a la combinación de varios factores estructurales que los estudios de V-Dem identifican como motores de autocratización:
1. Debilitamiento de los contrapesos institucionales
Uno de los componentes centrales del Índice de Democracia Liberal es la independencia de las instituciones que limitan el poder del Ejecutivo: tribunales, organismos autónomos y legislativos con capacidad de control. Cuando estos contrapesos se debilitan —ya sea por captura política, reformas institucionales o presiones informales— la calidad democrática disminuye.
En el caso mexicano, los indicadores de independencia judicial y control legislativo han mostrado retrocesos graduales en la última década.
2. Presión sobre organismos autónomos
El modelo institucional mexicano posterior a la transición democrática se construyó alrededor de organismos autónomos especializados: autoridades electorales, reguladores económicos y entidades de transparencia. V-Dem señala que la erosión de estas instituciones suele ser uno de los primeros signos de autocratización.
La reducción de su autonomía o su debilitamiento político impacta directamente en la percepción de imparcialidad del sistema.
3. Polarización política y concentración de poder
Los procesos de autocratización contemporáneos suelen estar asociados con liderazgos políticos que concentran poder mediante mayorías legislativas fuertes o legitimidad electoral significativa. En estos contextos, la competencia política no desaparece, pero las reglas del juego comienzan a inclinarse hacia el gobierno en turno.
La polarización política también reduce la capacidad de negociación institucional, debilitando los mecanismos tradicionales de equilibrio entre poderes.
El caso mexicano no ocurre en aislamiento. El informe de V-Dem advierte que la autocratización es hoy una tendencia global. En el mapa mundial de democracias liberales, el color rojo —que representa regímenes autoritarios o híbridos— se ha expandido en diversas regiones del planeta.
Países que durante décadas fueron considerados democracias consolidadas han experimentado descensos en sus indicadores de calidad institucional. Hungría, India, Serbia y Turquía son algunos ejemplos emblemáticos de este proceso.
La diferencia es que en muchos de estos casos el deterioro ha sido acompañado por reformas constitucionales profundas, mientras que en México el cambio ha sido más gradual, casi imperceptible en términos institucionales, pero visible en los indicadores acumulados.

México enfrenta así una paradoja política: mantiene elecciones competitivas, alternancia política a nivel local y un sistema multipartidista activo, pero al mismo tiempo registra un deterioro constante en los indicadores que miden la calidad del Estado de derecho y los equilibrios institucionales.
El resultado es un sistema que conserva la forma de una democracia electoral, pero cuya sustancia institucional comienza a erosionarse.
Este fenómeno refleja una de las principales preocupaciones de los estudios contemporáneos sobre democracia: las democracias rara vez mueren de manera abrupta; suelen degradarse lentamente.
La clasificación de México como autocracia electoral en el análisis de V-Dem no implica la desaparición inmediata de la competencia política ni el fin de las elecciones. Más bien representa una advertencia sobre el rumbo institucional del país.
El índice sugiere que México se encuentra en una zona de transición donde el deterioro aún podría revertirse si se fortalecen los contrapesos institucionales y se preserva la independencia de las instituciones democráticas.

Pero también indica que, de mantenerse la tendencia actual, el país podría consolidar un modelo político híbrido en el que las elecciones continúen existiendo, pero con condiciones cada vez menos equitativas para la competencia democrática.
México se suma a esa lista de países donde la democracia no desaparece, pero sí se desgasta.
En ese desgaste silencioso se juega buena parte del futuro político del país. Porque, como advierten los estudios comparados de V-Dem, la diferencia entre una democracia electoral frágil y una autocracia electoral consolidada suele ser apenas una década de erosión institucional sostenida.
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