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Abelardo de la Espriella, el abogado que promete "mano de hierro" para Colombia al estilo Bukele y Milei

Sin experiencia en cargos públicos, el aspirante presidencial busca abrirse paso como un outsider capaz de transformar el país mediante una agenda de seguridad

Crédito: @ABDELAESPRIELLA

En un país con una tradición tan fuerte de división entre izquierda y derecha, era de esperarse que llegara un personaje tan polarizante y disruptivo como Abelardo de la Espriella, quien busca ser el próximo presidente de Colombia.

A sus adversarios ideológicos les dice que “en mí tendrán siempre un enemigo acérrimo, que hará todo lo que esté a su alcance para destriparlos”. Al presidente Gustavo Petro le grita que es un “delincuente” y “un drogadicto y miserable”. Cuando da adelantos de cómo va a gobernar, asegura que “la ética no tiene nada que ver con el derecho”.

En sus discursos de campaña, en entrevistas y en sus redes sociales, ha sido extremadamente duro contra Petro, contra el candidato izquierdista Iván Cepeda y contra otros adversarios, con lo que sólo le subió el tono a la polarización en un país de por sí ya dividido, posturas que le sirvieron para salir puntero en la primera vuelta de elecciones con el 44 por ciento de los votos.

Nacido el 31 de julio de 1978 en Montería, en el departamento de Córdoba, al norte del país, de la Espriella se hizo conocido incluso antes de entrar en política cuando construyó una carrera como abogado penalista de alto perfil, representando a empresarios, políticos y personajes involucrados en casos de enorme visibilidad pública.

Sin miedo a la controversia, como ya es evidente, el abogado representó a personas cuestionables (por decir lo menos) como al empresario colombo-venezolano Alex Saab, quien fuera señalado por ser el principal testaferro y operador financiero del exmandatario venezolano Nicolás Maduro.

Durante años, Saab fue el arquitecto de las redes de evasión de sanciones y el encargado de los negocios internacionales del círculo de Maduro. Fue acusado de multimillonarios desvíos de fondos y lavado de dinero, y se le identificó como pieza clave en tramas de corrupción ligadas al programa de alimentos subsidiados en Venezuela, donde se facturaron productos a sobreprecio.

Actualmente, Saab se encuentra en Estados Unidos después de que fue deportado por el gobierno interino de Venezuela, encabezado por Delcy Rodríguez, para enfrentar a la justicia estadounidense.

De la Espriella no tuvo miedo en confirmar que había representado legalmente a Saab en el pasado. El candidato presidencial colombiano incluso sostuvo que, en su momento, organizó reuniones entre Saab y agencias de inteligencia de los Estados Unidos para buscar un acuerdo, aunque el vínculo terminó cuando Saab no cumplió con las negociaciones.

Los señalamientos no terminan ahí. Una investigación publicada en el diario español El País reveló documentos de una corte en Florida que evidencian transferencias por hasta 375 mil dólares hechas a las cuentas de Abelardo de la Espriella por parte de empresas fachada vinculadas a Saab.

Ante estas relaciones, el abogado sacó su lado más legalista, democrático y progresista, ese mismo que le parece negar a todos los que no están de acuerdo con él, y ha insistido en que todo acusado tiene derecho a una defensa legal. En cuanto al dinero, su defensa ha dicho que esto corresponde al pago legítimo por sus servicios.

Le tomó tiempo a de la Espriella dar el paso hacia la política. Después de todo, durante años insistió en que no le interesaba la presidencia (viejo ritual entre políticos que niegan el poder cuando en realidad lo anhelan).

Fue en 2025 cuando por fin anunció su candidatura después de lo que describió como un proceso de reflexión personal. Desde un principio, presentó su idea central: Colombia estaba siendo destruida por el gobierno Petro y necesitaba un liderazgo fuerte para “salvarla”, discurso que ha mantenido y hasta se ha radicalizado por momentos.

Sea como fuere, el haber construido su carrera fuera de la política le sirvió, al igual que a tantos otros políticos, para construirse una imagen de “outsider”, alguien que, si bien es reconocido, nunca ha ocupado un cargo público, por lo que, en apariencia, no puede estar manchado por la corrupción que corre a borbotones por América Latina y el mundo.

De la misma manera, de la Espriella siguió el ejemplo de tantos otros al usar su presunta pureza para atacar simultáneamente a la izquierda, a los partidos tradicionales y a buena parte de la clase política en general, esa a la que él no pertenece.

No por nada, es común ver la comparación del colombiano con el presidente de Argentina, Javier Milei, quien bien podría haberle prestado a sus asesores de campaña para diseñar su narrativa.

Y es que las similitudes son evidentes. Como reportó el medio argentino La Política Online, las apariciones públicas de de la Espriella suelen ser muy teatrales: despliegues de seguridad, símbolos patrióticos, grandes concentraciones y una construcción deliberada de su personaje político conocido como El Tigre, apodo muy parecido al León que adoptó Milei.

En materia económica, el colombiano propone reducir impuestos, disminuir el tamaño del Estado y simplificar regulaciones. Algo que a simple vista no suena mal, hasta que se escucha cómo propone usar la "motosierra" de Milei, algo que sólo ha servido para que se fortalezca la comparación entre ambos.

Por otro lado, en los temas relacionados a seguridad, mismos que dominan su campaña, de la Espriella se acerca más al presidente de El Salvador, Nayib Bukele, conocido (e incluso admirado por algunos) por su mano dura con el crimen. En este rubro, el colombiano incluso llegó a prometer una mega cárcel, al puro estilo del salvadoreño.

En esta materia, el candidato colombiano prometió políticas que también resuenan en diferentes lugares de América Latina, y que tampoco han dado necesariamente los mejores resultados. Entre otras cosas, de la Espriella propuso militarizar territorios dominados por organizaciones criminales, aumentar penas y utilizar el discurso de moda y aplicar la inteligencia artificial para operaciones de seguridad.

Más allá de las comparaciones, destaca la ambivalencia en sus posturas. Después de todo, el 30 de mayo pasado cerró su campaña con un acto religioso, esto sin importarle que hasta hace unos pocos años se definía como ateo. Además, terminó su recorrido proselitista organizando un santo rosario en compañía del actor mexicano Eduardo Verástegui, referente conservador y buen amigo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Lo que es un hecho es que el discurso de outsider le ha servido al recién estrenado político, lo que se hizo claro con el lejano tercer lugar en el que quedó la senadora Paloma Valencia, respaldada por el expresidente derechista Álvaro Uribe, en la primera vuelta. Esto incluso llevó a Valencia a demostrar su apoyo por el vencedor camino a la segunda vuelta que se llevará a cabo a mediados de junio.

Mientras espera la llegada de la segunda vuelta que definirá su futuro, de la Espriella agradeció el apoyo recibido durante la primera vuelta con un mensaje muy de su estilo. "¡Vamos a derrotar la tiranía y el absolutismo! Pasamos a segunda vuelta gracias a los más de 10 millones de colombianos que respondieron al rugido. ¡En 21 días haremos historia! Los espero en el cubo de cristal del Malecón del Río, para celebrar juntos esta victoria. Hoy más que nunca estoy Firme por la Patria". 

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