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Trump se queda solo

La guerra desatada por Donald Trump en Oriente Medio es un crimen, pero “es peor que un crimen -diría Fouché-, es un error”.

Tiene al mundo al borde de una recesión económica con inflación, y estamos peligrosamente cerca de la III Guerra Mundial.

Dentro de Estados Unidos y en el resto del globo Trump se ha quedado solo, con su compañero de aventura, el criminal de guerra Benjamín Netanyahu.

No tiene el respaldo de la Reserva Federal, ni de la Corte Suprema, ni de un sector mayoritario del Congreso, ni de la prensa, ni del Centro Nacional Antiterrorista, ni de la Dirección de Inteligencia, ni del ciudadano estadounidense que entra en shock cuando pierde la confianza en el futuro inmediato de la economía doméstica.

Los países europeos padecen el alza de los precios del gas, que ayer llegó a 30 por ciento más. El petróleo está en 119 dólares por barril, y el único ganador ha sido Rusia, proveedor de combustibles a Europa, que debe tragarse sus amenazas de mayores sanciones a Moscú por la invasión a Ucrania.

Georgia Meloni, la gobernante europea más cercana a Trump, fue la primera en oponerse a la guerra, y el canciller de la primera economía de Europa, el alemán Friedrich Merz, advirtió que la OTAN es un acuerdo defensivo y no intervencionista.

La estonia Kaja Kallas, responsable de las relaciones internacionales de la Unión Europea, respondió que la guerra de Trump en Oriente Medio “no es la guerra de Europa”, aunque puso sobre la mesa un punto tan real como preocupante: “Los intereses de la UE están en juego”.

Esos intereses son el gas, los fertilizantes y el petróleo que pasan por el estrecho de Ormuz, ya que la escasez va a detonar inflación e inestabilidad política.

Con Europa involucrada en la guerra en Medio Oriente, más la guerra en el Este -Rusia contra Ucrania, por ahora-, estaríamos viendo el perfil de la III Guerra Mundial.

Y falta por conocer lo que hará la segunda potencia económica del planeta, China, directamente afectada por la guerra de Trump.