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La selección de México y los cangrejos

Alguna vez me sorprendió la serie de elogios de los aficionados, constatable en las redes sociales, a la selección de España de futbol.

Habían tenido un Mundial de espanto en Brasil, luego de lograr el campeonato del mundo cuatro años antes en Sudáfrica.

La Roja, en afecto, fue un Titanic, pero llegó a ese punto luego de una larga trayectoria de triunfos que dieron alegría y cristalizaron cuando le ganaron al conjunto de Países Bajos con un marcador de 1-0, con un gol de Andrés Iniesta que aún enchina la piel.

Por eso era importante Brasil, y ya había quien intuía que la maldición del campeón, que señala la fatalidad de un pésimo Mundial luego de la gloria, podría generar problemas.

Por ello se hizo toda una campaña publicitaria con el lema “España, un país que también juega al futbol”.

Funcionó y lo hizo porque la comprensión del público futbolero fue más allá de lo triste del momento, ponderó una trayectoria e imaginó otro futuro brillante, quizá este año, por cierto.

Viene a cuento lo anterior, por lo injusto de descalificar al equipo de México, luego de un empate nada menos que con Portugal y en la reinauguración del Estadio Azteca.

La escuadra tricolor se midió con uno de los equipos más poderosos y favorito para lograr grandes cosas.

Sin duda un triunfo habría resultado mejor, pero el futbol es como es y más vale atenerse a ello.

México, para ganar, también requiere de continuidad, pero esto se vuelve imposible cuando imperan los análisis facilones y se impone nuestra nociva doctrina de los cangrejos en la cubeta.

Tampoco se trata de desplegar las fantasías, sino de reconocer que el sábado por la noche no nos enfilamos a ninguna catástrofe.

Javier Aguirre pudo observar y probar, como lo hará este martes contra Bélgica.

Ya vendrá la hora de la verdad, desde que arranque el Mundial contra Sudáfrica, pero esta nunca emergerá desde la incomprensión y de una suerte de locura, la de querer a un campeón, sin siquiera ser capaces de entender lo que ocurre en el terreno de juego.

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