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Irán ganó la guerra (de propaganda)

Es tal la antipatía mundial que con sobrados motivos ha conquistado Donald Trump, que se le tacha de fracasado por no haber enviado a Irán de vuelta a la Edad de Piedra.

Más aún, se le abuchea porque se retractó de acabar en una sola noche con toda una civilización.

Irán ganó, de lejos, la guerra de propaganda luego de la guerra armada que inició Estados Unidos.

Trump está desprestigiado ante el mundo, lo que le importa un comino, y dentro de su país la aceptación del presidente de Estados Unidos cayó.

Cayó entre los republicanos y el algunos de los miembros más radicales de su movimiento (MAGA), y veremos cómo crecen las voces que invocan a la 25 Enmienda para lograr su destitución.

Dentro de Estados Unidos se le ve, con razón, como un presidente que se lanzó a la guerra sin conocer al enemigo y manipulado por el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu.

Irán conserva el control del estrecho de Ormuz.

En México, los aplaudidores del régimen teocrático iraní brincan de gusto en las páginas editoriales de su periódico y en Palacio Nacional.

David nuevamente venció a Goliat.

¿Sí? Sólo en parte, y en una mínima parte.

La capacidad militar de Irán está devastada.

Su programa nuclear ha sido destruido por décadas.

Reducidos a una mínima expresión están los aliados de los clérigos iraníes en Medio Oriente. En el Líbano y en Siria, por citar los ejemplos más potentes.

Muertos están sus dirigentes más preparados.

Los países árabes están ahora más cerca de Estados Unidos que antes. También de Israel.

Destruida está la economía de Irán.

Irán quedará incapacitado para financiar el terrorismo en la región.

Las revueltas en favor de la libertad dentro de Irán volverán con más fuerza cuando acabe la guerra, motivadas también por las exigencias económicas.

No volveremos a oír una amenaza de Irán contra nadie.

Lo del “control del estrecho de Ormuz” es un espejismo.

Cerrarlo fue un acto de emergencia ante el ataque de Estados Unidos, pero necesitará los ingresos de sus exportaciones.

Salvo, claro, que los clérigos fanáticos quieran regresar por decisión propia a la era primitiva y alimentarse de dátiles.

Irán está militar, económica y políticamente liquidado. Trump, tal vez. Estados Unidos no.

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