La presidenta Claudia Sheinbaum tomó la decisión de utilizar la técnica de fracking para la obtención de gas en la frontera con Texas.
Más allá de la integración de grupos de especialistas, que concluirán que en la actualidad la tecnología permite la extracción menos nociva para el medio ambiente, la operación ya está en marcha.
Será un proyecto de largo plazo para Pemex y requerirá, es irremediable, de la participación de inversionistas privados.
Desde hace años, hay una fuerte disputa en el sector energético con los grupos izquierda y ambientalistas sobre el tema.
El entonces candidato Andrés Manuel López Obrador estableció en su compromiso 75, con claridad, que “no usaremos métodos de extracción de materias primas que afecten a la naturaleza y agoten los manantiales de agua, como el fracking”.
Pesa a ello, en Pemex nunca quitaron el dedo del renglón. Tan solo en el Plan de Negocios de 2019, en la estrategia 2.2, se delineaba continuar con la exploración de yacimientos de gas de lutitas en la frontera con Estados Unidos. Dicho plan indica que el uso del fracking "será clave para la empresa y el país”.
La presidenta Sheinbaum, en cambio, fue más cauta en sus compromisos y prometió la puesta en marcha “del programa más ambicioso de eficiencia energética de la historia. Impulsaremos la transición energética; las energías renovables y la eficiencia energética serán las características de nuestro gobierno”. Una ambigüedad calculada.
Más allá de costuras discursivas, hasta hace una semana, en Morena tenían claro que estaban en contra del fracking. Inclusive, el 15 de octubre de 2025, el grupo parlamentario, junto con la bancada del PT, presentaron, en San Lázaro, una iniciativa de reforma al artículo 27 de la Constitución, en la que proponían que quedara prohibido el uso del “fracturamiento hidráulico, fracking o cualquier otro método de estimulación con efectos equivalentes”.
En los documentos de Morena hay un rechazo al "extractivismo neoliberal", condenando “los modelos de despojo” de las reformas energéticas del pasado.
En los próximos días y semanas atestiguaremos un viraje discursivo de profundidad, aunque esta vez sí habrá daños internos. La realidad es terca y en política hay que tragar sapos.
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