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Morena, la Secretaría de Elecciones del gobierno de Claudia

Los movimientos hechos en los últimos días por parte de la Presidencia de la República y Morena confirman de manera descarada que el partido del oficialismo es, en los hechos, una secretaría más de la Administración Pública Federal, solo que sin reconocimiento en la ley de la materia.

Ni López Obrador se atrevió a tanto, y ya es mucho decir.

La llegada de Claudia Sheinbaum a la Presidencia de la República y la casi simultánea llegada de Luisa Alcalde (y su tándem Andrés Manuel López Beltrán) a la dirigencia de Morena significaron un cambio radical en la manera como se manejaban las cosas, y ha dejado al descubierto que ese partido padece de una grave fragilidad que pudiera ser la razón de su crisis: sin Andrés Manuel López Obrador son un barco a la deriva. AMLO era la figura aglutinadora, el líder máximo, el fundador, el genio al cual todos obedecían, quien dejó a ese movimiento con el ansia enferma de seguir ganando elecciones al precio que fuera. Su retiro en el rancho La Chingada provocó que el movimiento quedara sumido en un mar de desconfianza, traiciones, confrontaciones, canibalismo político y ausencia de liderazgo claro. Quiso asegurar continuidad colocando a su hijo Andy en una posición estratégica, pero el muchacho sea dedicado a hacerse millonario; las labores partidistas son lo que menos le importan.

López gobernó el país y, al mismo tiempo, vigilaba al partido. Jugaba estratégicamente para darle algo de autonomía, lo hacía parecer independiente y con vida propia, metía la mano cuando se requería e intervenía sólo cuando era necesario, como un padre que observa a su hijo aprendiendo a dar los primeros pasos. Esa habilidad, que giraba alrededor de su figura de padre fundador del movimiento, no la tiene la presidenta Sheinbaum, y el caos la ha llevado a intervenir al punto de que el partido ya opera como una secretaría más de su gobierno.

La fusión entre partido y gobierno le dota de mayor control, pero al mismo tiempo le transfiere toda la responsabilidad del rumbo de ese instituto político y de los resultados en los próximos procesos electorales.

Ya se rumoraba la posible salida de Luisa María Alcalde de la dirigencia nacional de Morena. Aunque ella lo negó, los periodistas que filtraron la información estaban en lo correcto: Alcalde no dio resultados positivos para el partido y estuvo a punto de dinamitar la relación con el PT y el PVEM.

Se sabe que su lugar lo ocupará una figura callada y discreta, pero absolutamente clave para el morenismo nacional: Ariadna Montiel, incondicional del expresidente López y su principal operadora mediante el uso ilegal de programas sociales y desvío de recursos con fines electorales. Montiel ha demostrado lealtad a Claudia Sheinbaum y está preparada tener mayor visibilidad de cara a la elección de 2027. Desde esa posición, unirá la operación electoral con los padrones de beneficiarios de programas gubernamentales bajo un solo esquema operativo. Sería ingenuo pensar que no será así.

Lo anterior se suma a un movimiento ya ejecutado de manera urgente. Citlalli Hernández abandonó la Secretaría de las Mujeres para ir a poner orden en Morena y recuperar la interlocución con los aliados a los que Luisa Alcalde maltrató.

Con estos movimientos, la presidenta reconoce que no tiene control del partido, que tuvo que hacer alianza con personajes del movimiento que le heredó López Obrador dispuestos a sumar de cara al futuro y que, por lo pronto, Morena operará como una secretaría de Estado más. 2027 se acerca.

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