Náufragos en negación. Voces desde el naufragio, la del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, quien desdeña -en este 2026- los estragos de los ruinosos aranceles de Trump a nuestras exportaciones y llama a no ser nostálgicos del régimen de libre comercio que llega a su fin. Fueron 32 años de sostener en buena medida la economía del país. Se parece a la voz del secretario de Gobernación, 50 años atrás, Mario Moya Palencia, al terminar en crisis devaluatoria e inflacionaria el sexenio del presidente Echeverría en 1976. Éste había combatido la estrategia del desarrollo estabilizador de los 12 años anteriores a su gobierno. Y como si eso le sirviera a alguien de consuelo, dijo Moya: “Con la devaluación cae el último mito del desarrollo estabilizador”. Sí. Un ‘mito’ de casi 25 años sin devaluaciones en México.
Consuelos de engañabobos. Al fin que ni queríamos la estabilidad de la moneda, parecía decir Moya al querer aliviar a una población en caos: se hablaba, como en otros episodios, de la inmanencia de un golpe de Estado. Hoy, parecería decir Ebrard, que al cabo que ni queríamos, como se pretendía hasta la víspera, alejar el fantasma de los aranceles de Trump. Es más, nos propinó otro consuelo inasible con su frase estelar de que, si bien (o si mal) se mantienen los aranceles de Trump, también se mantienen las ‘reglas de origen’, un concepto inaccesible para la mayoría de la población, “que -agárrense- a veces son más importantes que los aranceles”.
El derecho a la añoranza. Pero hay algo peor: la pretensión de abolir el derecho a la nostalgia por tiempo mejores, o menos malos. No sólo para la economía, sino también para la seguridad de las personas, la salud, la educación, la democracia…. La añoranza como impulso para recuperar lo perdido.
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