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El cártel del Zócalo (CDZ) y la soberanía

La producción masiva de fentanilo en Sinaloa no inició con el gobierno de Rubén Rocha Moya. Para nada. Fue durante el gobierno de Quirino Ordaz Coppel cuando se detonó esa producción de drogas que tenía como destino Estados Unidos. La DEA tiene perfectamente documentado que fue en esa época cuando se produjo el sustantivo incremento en la compra e importación de precursores (provenientes de China) para la producción de metanfetaminas.

En ese entonces, cada vez que López Obrador visitaba Badiraguato (Tierra del Chapo Guzmán y de su familia) era guiado por el gobernador Quirino, quien fungía como acompañante (y se sospecha que también como enlace oficial entre AMLO y el Cártel de Sinaloa). Basta recordar que el día del encuentro entre la mamá del Chapo Guzmán y AMLO estaba el gobernador Ordaz Coppel, con todo y la taquiza con los familiares del capo sinaloense en la que participó el presidente López Obrador y el entonces gobernador sinaloense. Hay videos y fotos de esos encuentros. Obviamente, el gobernador Quirino Ordaz Coppel fue generosamente recompensado por esos servicios y otras lealtades de orden electoral. AMLO lo designó embajador de México en España. Ante ese nombramiento existieron dos curiosidades. La primera, la llamativa tardanza (cuatro meses) que tuvo el gobierno español para anunciar el beneplácito a esa designación. La segunda, el hecho de que, durante ese compás de espera, agentes de la UDYCO (Policía Nacional) estuvieran haciendo consultas e indagando profusamente los antecedentes de Ordaz Coppel antes de la llegada de éste a España.

El anuncio de este miércoles respecto de la a acusación formal contra el gobernador Rubén Muñoz Rocha ya se había tardado. Tal vez se postergó durante mucho tiempo ante ciertos y escasos avances de cooperación del gobierno mexicano (sea el de AMLO, como el de Sheinbaum). El reciente escándalo del desmantelamiento de importantes instalaciones de narcolaboratorios de fentanilo en Chihuahua, que tuvo como hecho incidental adicional un accidente en esa zona en el que murieron dos agentes de la CIA que se presume participaron (de manera operativa o no, da igual) sin conocimiento de las autoridades federales (incluida la presidenta Sheinbaum) ha generado una errática y estrepitosa reacción de Sheinbaum contra la gobernadora de Chihuahua y contra las autoridades norteamericanas.

Claudia Sheinbaum (en su ya aburridísimo papel de “soberanóloga” de tiempo completo) actúa hoy más como cabeza de un “cártel de cárteles” que como jefa de Estado. A esa megaagrupación asociativa de cárteles de la droga mexicanos podríamos bautizarla como el Cártel del Zócalo (CDZ). Desde las mañaneras, la presidenta Sheinbaum puede estar construyendo un peligroso camino sin regreso para México, de seguir protegiendo a sus socios del crimen organizado. El repetido discurso soberanista ya resulta insuficiente frente a las graves acusaciones norteamericanas que ya han clasificado a los cárteles de las drogas mexicanos como organizaciones terroristas, con las implicaciones que eso conlleva, incluidas las militares.

Poco importa si la presidenta (con a de ausente de la realidad) fue informada o no por el Ejército de esos operativos conjuntos en Chihuahua. Lo que preocupa es la desfachatez y el cinismo con que manejan su incompetencia frente al tema de la seguridad pública y de la seguridad nacional.

Una cosa queda clara: la entrega de Rocha Moya definirá el camino que tome la Casa Blanca respecto de México en las próximas semanas, incluidas las negociaciones en torno del T-MEC. En el combate a los cárteles de las drogas los norteamericanos parecen decirle a Sheinbaum: “Podemos hacerlo contigo, sin ti o a pesar de ti”. Qué grave…

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