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Leonard Cohen

“Si no fuera Bob Dylan, me gustaría ser Leonard Cohen”.  Bob Dylan

La primera vez que escuché a Leonard Cohen pensé que sólo Agustín Lara podía cantar peor. Pero al igual que con Lara, me pareció que había algo muy especial en la canción que estaba escuchando, Chelsea Hotel #2, y me interesé por él y su obra y con el casi nulo entendimiento que tenía, y que aún tengo, por la música folk de los 60, terminé por convertirme en un admirador de Cohen.

Tiempo después, cuando escuché las canciones de Cohen interpretadas por Rufus Wainright, entendí mucho mejor al poeta y al músico que fue Cohen.

Cohen nació en Canadá, y antes de dedicarse a la música ya era un respetado poeta. Judío de nacimiento y con una profunda búsqueda de espiritualidad se acercó al budismo en los 70 y se ordenó monje zen en 1996. Se definía a sí mismo como judío zen.

Su canción más famosa, Hallelujah, se publica en 1984, es una obra maravillosa y compleja; mezcla de espiritualidad, referencias bíblicas judías y cuestionamientos de la fe.

Pero su obra también aborda el erotismo, su lucha interna y la melancolía (Everybody Knows). A su reputación de mujeriego respondía que le parecía un chiste cruel que lo hizo reír con amargura durante las diez mil noches que pasó en soledad.

En 2011 recibió el premio Príncipe de Asturias a las Letras; su discurso de agradecimiento es una obra maestra de oratoria que revela al poeta, al sabio y al hombre agradecido y enamorado de España. Cohen expresa, con una belleza arrasadora, la historia de su guitarra española Conde, que le regaló su medio para hacer música. Su relación con Federico García Lorca, que le regaló encontrar y tener su propia voz y, por último, la relación, casi mística, con su profesor de guitarra que le regaló los seis acordes que plasmaría en casi todas sus canciones y lo acompañarían el resto de su vida.

En estos tiempos, que parecen tan oscuros, me gustaría sugerirles que busquen y vean en YouTube* el video del discurso de Cohen en Asturias. No sólo impacta por la poesía, las imágenes son conmovedoras. No pude evitar sentirme profundamente agradecido y emocionado con esta experiencia. Les deseo, de todo corazón, lo mismo.

Pancho Graue

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