La estridencia discursiva desde el atril presidencial donde vocifera la Sra. Sheinbaum ha llegado a límites insospechados. Resulta preocupante la pérdida de formas, fondo y seriedad en la narrativa presidencial. El espectáculo ya raya en lo grotesco.
El origen de esto tiene relación directa con la obsesión de Andrés Manuel López Obrador de hablar diariamente. AMLO no tuvo reparo en imitar las eternas jornadas discursivas de su adorado Fidel Castro Ruz. Tampoco tuvo empacho alguno en emular las emisiones sabatinas de Hugo Chávez, llamadas Aló Presidente, siendo que el tabasqueño decidió (para desgracia de la nación) hacerlas diariamente. De esa manera, AMLO ponía los temas de la agenda de discusión política desde ese atril presidencial.
Visto lo anterior, AMLO apareció en mil 423 eternas y soporíferas conferencias de prensa "mañaneras". Claudia Sheinbaum lleva unas 415, haciendo una muy mala imitación de su antecesor. Entre ambos, un total aproximado de mil 838 conferencias, muchas de ellas con una duración superior a las dos y media horas. Demasiada palabrería…
Esta estrategia de la izquierda populista pretende que la sociedad se nutra de un discurso manipulador, que siembra odio permanentemente y que termina por dividir y polarizar a la sociedad. Todos los días recurre a la mofa, la burla, al señalamiento del adversario, del que opina distinto o a acusar a presuntos “traidores a la patria”.
Una vez que en México se destruyeron todos los mecanismos e instituciones de transparencia, junto con la caricaturesca constitución de tribunales “a modo” del régimen, es en ese atril donde el gobierno dicta lo que cree que debe conocerse y emite sentencias populistas respecto de lo que considera justo o injusto. Una barbaridad antidemocrática permanente. Las conferencias de prensa "mañaneras" constituyen el río Ganges de la 4ª transformación donde se purifican todos sus fracasos, sus corruptelas y sus complicidades criminales.
Hoy existen dos ejes de enfrentamiento permanente del gobierno de la 4T. El primero, contra España, como fruto de un complejo añejo de la izquierda mexicana que recurre a la leyenda negra sobre la historia de la conquista de México y que reclama una disculpa de rodillas de aquella nación por las supuestas barbaridades cometidas durante el arribo y permanencia de los españoles en tierras mexicanas. El segundo eje es contra Estados Unidos, contra Trump y, sobre todo, para combatir discursivamente la estrategia norteamericana contra los cárteles mexicanos de las drogas, socios indiscutibles del gobierno de AMLO y Sheinbaum.
Estos gobiernos populistas son inmensamente incompetentes y, a la vez, cínicamente parlanchines. No pasa nada, desde las “mañaneras” todo se disculpa, todo se justifica y todo lo que sale mal siempre será por culpa… de Calderón.
Winston Churchill fue criticado por sus adversarios (en momentos terribles de la guerra y tras los bombardeos nazis a Londres), por estar en su casa, (en sus escasos ratos libres) ejerciendo sus aficiones de pintura al óleo o la jardinería. Churchill respondió a sus detractores: “…este primer ministro ha tomado las mejores decisiones de la guerra frente a un lienzo de pintura o en la absoluta soledad de mi jardín en Chartwell”.
Pues sí, la democracia requiere serenidad, no estridencia. Preocupa que estos líderes de la izquierda populista no saben ser serenos, no saben darse tiempo para pensar y reflexionar. No saben darse el lujo de la mesura, optando siempre por la reacción impensada de la descalificación, de la agresividad oral, del uso, mal uso y abuso de la palabra. Mal andamos con una presidenta (con a de ausente de la realidad) dispuesta a defender a los criminales por encima de la nación. Mal andamos…
Recomendar Nota
