El Financial Times publicó este fin de semana un análisis sobre el declive demográfico global (Why birth rates are falling everywhere all at once). En dos de cada tres países del mundo, la tasa de fertilidad se ubica debajo de 2.1 hijos por mujer, el umbral de reemplazo poblacional. México es parte de esa tendencia, con 1.7. Por primera vez, nuestra tasa es más baja que la estadounidense.
Uno de sus hallazgos es que las proyecciones demográficas que se hicieron hace unos años están siendo rebasadas por la tendencia actual. En 2018, por ejemplo, la ONU proyectó que Corea del Sur tendría 350 mil nacimientos en 2023, la cifra real fue de 230 mil: una sobreestimación de 50%.
El declive actual se distingue, además, porque países de ingreso medio están envejeciendo antes de desarrollarse económicamente: México, Brasil, Túnez, Irán, Sri Lanka. Destaca también la brecha entre intención y resultados: la mayoría de las mujeres afirma querer dos hijos, incluso donde casi nadie los tiene. No parece ser un reflejo del ejercicio de sus libertades.
Más bien, se trata de un fenómeno complejo con distintas causas. En todo el mundo, hay cada vez menos parejas. En países de ingresos altos, el número de hijos por madre es estable o sube, pero cae la proporción de mujeres que tienen algún hijo. La formación de familias depende, en cierta medida, de las condiciones materiales: se reduce entre personas con menos educación, se mantiene en personas con estudios universitarios.
Curiosamente, las caídas en natalidad coinciden –casi sistemáticamente– con la adopción masiva de los smartphones. La variable principal de la ecuación sería la reducción drástica en la socialización presencial. Encontrar pareja requiere conocer a mucha gente; si se socializa menos, el proceso se alarga o simplemente no sucede. Se documentaron fenómenos similares con la televisión, en proporciones mucho menores.
Los efectos de la tendencia no serán inmediatos, pero sí contundentes. Una población que envejece contrae la fuerza laboral y reconfigura las prioridades de las finanzas públicas. El gasto en pensiones consume presupuesto que podría destinarse a inversión, por ejemplo.
México está en una posición vulnerable: tenemos un sistema de pensiones frágil, infraestructura de salud debilitada y un gobierno cada vez más endeudado. Cada trabajador tendrá que sostener a más pensionados, dejando menos recursos disponibles para todo lo demás.
Este lunes, se publicó en el DOF el Programa Nacional de Población 2026-2030, que reconoce el cambio demográfico. Sin embargo, el riesgo es que las estimaciones del Conapo se queden cortas frente a la realidad. Las decisiones necesarias en temas como pensiones, vivienda o infraestructura educativa y de salud están llegando demasiado tarde. El gobierno está planeando para un país que envejece, pero que en los hechos puede envejecer mucho más rápido. No podemos perder de vista ese indicador de velocidad.
Recomendar Nota
