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Aquí nadie renuncia

La presidenta se molesta cuando le piden que rompa el pacto con el crimen organizado, pero dedica buena parte de su tiempo a proteger gobernadores aliados de cárteles, huachicoleros, o ambas cosas.

Y a denostar al mensajero como treta defensiva, pero sin tocar la sustancia de los señalamientos.

Desde que llegó Morena al poder nadie renuncia ni paga las consecuencias, así haya crímenes de por medio, peculado, robo y daño escandaloso a las finanzas públicas.     

Una de las transformaciones más profundas y menos comentadas de la vida pública mexicana, es que desapareció el costo político de fracasar. Desapareció el costo de robar.

Los hechos dan la razón a lo que escribió Otto Granados hace unos días: “No existe transformación alguna sino una panda de corruptos, de resentidos sociales, de acomplejados y de ineptos a los que las circunstancias pusieron en cargos/chambas de cierta influencia para hacer dinero, clientelas, negocios y cosas así”.

En el viejo sistema priista existía una lógica elemental de supervivencia institucional. Cuando ocurría una tragedia grave, el régimen sacrificaba a responsables para contener el desgaste.

Era una manera efectiva de reconocer que el poder debía guardar ciertas formas.

Hoy eso ya no existe.

Se cayó la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México y murieron 26 personas.

Pasaron peritajes, acusaciones cruzadas, campañas políticas, discursos de indignación y promesas de justicia. Hasta un peritaje se encargó a una prestigiada firma noruega y como a la jefa de Gobierno no le gustó el resultado y lo rechazó. Nadie asume su responsabilidad.

En el sexenio pasado se incendió la estación migratoria de Ciudad Juárez y decenas de migrantes centro y sudamericanos murieron quemados vivos, mientras las cámaras registraban cómo nadie abría las puertas.

Adán Augusto López Hernández gobernó Tabasco con el grupo criminal conocido como “La Barredora” a su lado.

Las investigaciones periodísticas sobre vínculos criminales de personajes de su estructura política apenas generan incomodidad temporal en Morena.

No hay rendición de cuentas. Adán Augusto sigue siendo uno de los hombres fuertes de Morena.

Rocío Nahle fue la responsable de construir la refinería en Dos Bocas, que iba a costar 8 mil millones de dólares y terminó costando 23 mil.

En cualquier democracia un sobrecosto de ese tamaño habría destruido su carrera, cuando menos. Aquí fue convertida en candidata y luego gobernadora de Veracruz.

Octavio Romero, destructor de Pemex y munificente proveedor de contratos millonarios a los amigos de la casa presidencial, ahora es director de la principal institución financiera del país, el Infonavit.

¿Se acuerdan de la estafa de miles de miles de millones de pesos en Segalmex? ¿Y dónde está su director de entonces, Ignacio Ovalle?

López Gatell, Mario Delgado, Ramírez Cuevas, Jenaro Villamil, firmes en sus cargos

Aparecen crematorios clandestinos.

Regiones enteras viven bajo extorsión criminal.

Transportistas pagan cuotas.

Agricultores abandonados y extorsionados, protestan sin ser oídos.

Empresarios pequeños cierran negocios.

Hay ciudades donde la autoridad no es el Estado, sino el crimen organizado.

Nadie deja el puesto, porque la prioridad de la presidenta es controlar daños mediáticos.

En cada crisis el guion se repite: primero negar, luego minimizar, después polarizar, desacreditar al mensajero, hasta que llegue el siguiente escándalo.

Nada la conmueve. Nada cuesta a los responsables.

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