Por la hipersensibilidad de la presidenta y la espada desenvainada de la dirigente del partido de Estado, Morena está involucrada hasta el cuello con el narcotráfico.
Ayer la presidenta le pidió que se calle al embajador de Estados Unidos, que dio una opinión sobre un tema de preocupación bilateral.
Le indicó que sólo puede opinar “en el tema de la colaboración”, que es justamente lo que hizo el jefe de la misión diplomática estadounidense, Ronald Johnson.
El embajador fue cuidadoso con una sugerencia que en nada se compara con la agresividad de Sheinbaum que acusó a EU de buscar interferir en nuestros procesos políticos y convertirse en “el gran elector” en 2027.
Ariadna Montiel, dirigente nacional de Morena, dijo que Rocha Moya y coacusados siguen siendo militantes del partido de Estado porque no hay pruebas contra ellos.
Es la misma línea de argumentación de Claudia Sheinbaum que en su discurso del domingo defendió a los narcopolíticos porque son víctimas de un complot de Estados Unidos contra su gobierno y el de su antecesor.
Al alcance de cualquier persona están las pruebas que exigen, si se tiene intenciones de saber.
El rechazo del gobierno a cumplir con el Tratado de Extradición de 1978 revela que impedir el envío de Rocha y sus funcionarios a Estados Unidos, a enfrentar un juicio, es un asunto de supervivencia para un grupo político criminal.
Hasta ahora nadie ha insinuado siquiera que Claudia Sheinbaum haya participado en esos acuerdos de reparto de cargos a los cárteles a cambio de dinero para campañas políticas o viajes por medio mundo. El medio mundo más rico y en las condiciones más lujosas, por cierto.
La presidenta de la República y la dirigente del partido de Estado, sin embargo, han asumido la defensa del grupo criminal de Morena porque entregar a Rocha implica el desgrane de la mazorca y la caída del régimen.
Se entiende, o no, pero a fin de cuentas qué culpa tiene México.
Apenas el lunes el secretario Marcelo Ebrard decía que la era del libre comercio había concluido. Que necesitamos conservar la relación privilegiada con Estados Unidos a fin de tener la menor cantidad de aranceles posible.
(Ebrard se dio por vencido en la primera reunión del T-MEC, lo que es otro tema para ver próximamente).
Y en este trance histórico para México, Sheinbaum optó por darle de patadas al vecino y socio comercial, para defender a morenistas narcos.
Si hubiera la certeza de que Rocha y su clan son víctimas de una persecución, se entendería la molestia y habría que resolver el problema.
Pero no es el caso. Morena está con el fango del narco hasta la nariz.
Por defender a su partido y a su mentor, la presidenta Sheinbaum lleva a México al abismo.
Lo dijo en el mitin del domingo, con otras palabras, pero es verdad: a medida que se conozcan los alcances del complejo político-criminal-empresarial que opera con el uniforme de Morena, la decepción y el enojo ciudadano castigarán en las urnas al partido gobernante.
Ella lo ve como un complot de Estados Unidos y “de la derecha mexicana”.
No es así. Acusa a otros porque el grupo que llegó al poder en 2018 no está acostumbrado a rendir cuentas ni a pagar costos.
Financian campañas con dinero de las drogas, contrabandean gasolina, diésel, se roban millones de barriles de petróleo y quieren que no les pase nada.
Parece que esta vez no saldrán limpios del lodazal.
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