En la entrega más reciente buscamos responder una pregunta: cuando logramos un “efecto brindis” y la sociedad nos presta un instante de atención, ¿qué debemos hacer? La respuesta, con base en el método de acción colaborativa que venimos desarrollando, fue que debemos aprovechar ese momento para decir “oigan, tenemos un problema” y dirigir la mirada colectiva hacia la situación que propondremos enfrentar.
También dijimos que no basta con informar, sino que el elemento crucial es sensibilizar sobre su gravedad. Por eso, nuestro mensaje debe ser impactante y propiciar que el problema incomode, moleste e incluso que duela, al punto en que el ciudadano concluya que su prevalencia es inadmisible.
El tema previsto para esta semana era el giro del dolor a la acción. Sin embargo, antes de llegar a eso, detengámonos en la sensibilización del problema para asegurarnos de no abordarla de manera superficial.
El punto al que quiero llegar es este: si esperamos que la ciudadanía verdaderamente se involucre y actúe de cierta manera para resolver un problema, resulta imprescindible, primero, que sepa que el problema existe y, segundo, que el costo —económico o psicológico— de su persistencia sea mayor que el de actuar como se le pide para solucionarlo.
Por eso veíamos esas cápsulas en el Teletón. Porque el problema que atiende afecta a una minoría, así que la sacudida emocional de sus cápsulas era necesaria para generar conciencia entre la mayoría y provocarle una reacción.
Es verdad que el impacto emocional de una cápsula del Teletón es difícil de igualar en otros problemas públicos. Pero también es cierto que hay muchos problemas —y momentos— en los que no se requiere algo así, ya sea por su gravedad intrínseca o porque afectan a la mayoría de la población. Es cuestión de buscarlos.
Pensemos en la escasez de agua. La realidad ha sido ampliamente difundida: nuestro consumo es insostenible; nos la estamos terminando y quienes no tienen acceso a ella son cada vez más. Sin embargo, el efecto de estas alarmas ha sido muy modesto. ¿Y si el llamado a la acción se hiciera en una situación como la que se vivió en Monterrey en 2022, cuando la ciudad llegó al “día cero”?
Otro ejemplo es la violencia de género. Hay lugares y momentos espantosos, pero que son sumamente propicios para sensibilizar sobre la gravedad del problema. Lugares y momentos como, otra vez, Monterrey tras el caso de Debanhi; Morelia, tras el de Jessica González y, tristemente, tantos lugares y momentos que enlutan a nuestro país.
En escenarios así, cuando la realidad se impone y es ella misma la que provoca el "efecto brindis", entonces el objetivo de sensibilizar para la acción resulta mucho más sencillo, pues la conciencia social ya está despierta.
Y es en presencia de esa sensibilidad cuando un llamado a la acción puede ser mucho más efectivo. Pero esto último será, ahora sí, el tema que abordaremos la próxima semana.
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