Hace dos semanas mencioné tres objetivos que podríamos ponernos: convertir nuestra ciudad en la que mejor gestiona el agua en América Latina, lograr que nuestro estado tenga cero feminicidios en un año, o colocar a nuestro país en el top 10 de los países con menor corrupción. Afirmé que estos escenarios no son descabellados y que pueden alcanzarse mediante la acción colaborativa de gobierno y sociedad.
Aprovecharé la reciente coronación de España como campeona del mundo para demostrar, con base en la experiencia de ese país, que lo que propongo para el nuestro es perfectamente realizable.
En el verano de 1986, España sumaba un nuevo fracaso mundialista. Estrellas como Míchel y Butragueño no habían podido evitar una nueva eliminación en cuartos de final, esta vez en México 86.
Unas semanas después fueron designados sede de los Juegos Olímpicos de 1992. Había muy buenas razones para que Barcelona fuera objeto de esa designación, pero sus méritos deportivos no se contaban entre ellas: en casi un siglo de participación olímpica, España tenía una magra cosecha de 26 medallas.
A la luz de este historial, su nombramiento generaba un enorme reto: evitar hacer el ridículo. Este desafío se abordó mediante un proceso que tiene similitudes con el método de acción colaborativa que vengo proponiendo en este espacio para resolver algunos de los grandes problemas públicos de nuestro país.
Crearon un plan llamado ADO, que se basaba en tres puntos fundamentales: focalización de recursos públicos y privados en atletas con métricas claras; alineación de todos los actores —gobierno central y regionales, iniciativa privada, medios, federaciones y ciudadanía— al mismo propósito, e inyección de un incentivo de orgullo colectivo.
El resultado fue un parteaguas impactante. En las 15 ediciones olímpicas previas a Barcelona 1992, España había ganado 5 medallas de oro (0.33 por certamen); en tanto que, en las nueve posteriores, ha conquistado 48 (5.33 en promedio).
Pero los efectos de la acción colaborativa emprendida en 1986 fueron más allá de los Olímpicos: en este periodo han ganado dos Mundiales de futbol (2010 y 2026) y se han consolidado como potencia en tenis (35 Grand Slams ganados por siete tenistas españoles a partir de 1992), baloncesto y atletismo. Una sacudida de proporciones históricas en su desempeño deportivo.
¿Cómo se explica? La sociedad española se descubrió capaz de cambiar su realidad modificando el comportamiento de los actores que inciden en el deporte y estableció un sistema que hoy los mantiene en la cima mundial.
Este caso demuestra que la mediocridad no es un destino, sino el resultado de nuestros hábitos, y que las culturas se transforman cuando una sociedad toma conciencia, se organiza y trabaja con un fin común.
Por eso sostengo que esperar sólo nos llevará a desesperar. Debemos actuar: elegir un objetivo común, involucrar a todos los actores sociales, y trabajar juntos para alcanzarlo. Con nuestra extensión, ubicación, historia y población, pero sobre todo con nuestro anhelo de orgullo nacional, no hay un solo campo en el que no podamos ser campeones del mundo.
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