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La explosividad de la CNTE y Ayotzinapa

Nos vamos acostumbrado a lo inaudito. La policía impide, momentáneamente, la llegada de estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa y en uno de los camiones descubren 59 artefactos explosivos. Tubos con pólvora, según indican los reportes.

¿Para qué los querían? ¿Qué necesidad de portarlos si, en teoría, se sumarían al movimiento “pacífico” de la CNTE?

El ambiente se descompone de forma gradual, porque no se toman decisiones. Todo se pospone con el argumento de que son provocaciones para que las fuerzas del orden repriman y que eso no lo harán, porque no son como Díaz Ordaz. Sí, con él se comparan.

No pueden dar el nombre de alguien en particular que esté solicitando toletazos contra maestros y estudiantes, pero por lo visto se confunde con los llamados que se hacen a respetar la movilidad de otros grupos de ciudadanos.

Se insiste en que la CNTE le hace el juego a la “ultraderecha” y que está infiltrada. Los miembros de la coordinadora han hecho lo que siempre, presionar para obtener dividendos y, además, ahora tienen el argumento de que fueron engañados en dos campañas presidenciales en las que les ofrecieron derogar la Ley del ISSSTE en lo que respecta a las pensiones, algo imposible de cumplir.

Pero mientras lanzan críticas a los supuestos ingenieros del complot en curso, anuncian que quieren elaborar una reforma educativa al gusto de la CNTE, pero en agosto, pasado el Mundial de Futbol.

Un lío, pero más discursivo que otra cosa. En el gobierno saben con claridad lo que está ocurriendo, los aliados empiezan a flaquear y los más radicales vuelven, cada vez con mayor empeño, a las andadas.

La CNTE y los estudiantes de Ayotzinapa convergen, porque los timaron, les ofrecieron cambios imposibles a los primeros y una conclusión de las indagatorias de los 43 desaparecidos, pero a la altura de lo prometido: fue el Estado y ayudó el Ejército.

Así que vienen a la Ciudad de México por lo ofrecido, pero ahora lo hacen con explosivos.

Es un caldo de alto riesgo el que se está cocinando y no es la ultraderecha, son los aliados y ya se cansaron.

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