Semana 22 en La Aurora. Ánimo mundialista en un ambiente enrarecido.
Un estadio Azteca, tres veces mundialista, pletórico, y la selección nacional derrotó a Sudáfrica por dos a cero. Julián Quiñones y Raúl Jiménez como portadores de una esperanza. Veremos.
Afuera, la CNTE y su terquedad, que la coloca en la antesala del rompimiento con el grupo en el poder. Será, si se consuma, una fractura de consideración, una grieta por la izquierda social, pero una enseñanza, a la vez, del profundo error de empoderar a una organización parasitaria y chantajista.
Y lo terrible, las madres buscadoras marchando primero con velas en las vísperas de la inauguración y luego intentando llegar al Azteca marchando por la calzada de Tlalpan. Misión imposible porque se toparon con dos muros, el policial y el de un gobierno sordo o poco afecto a sus quejas.
Las madres buscadoras molestan, en particular porque cada día recuerdan el enorme fracaso del Estado mexicano ante uno de los temas más lacerantes: la desaparición de personas, la que implica, en no pocos casos, delitos de lesa humanidad.
Días de futbol, que darán alegrías y provocarán decepciones, pero que no cambiarán el curso de las cosas, porque los problemas no desaparecen, aunque se coreé el nombre de México y se haga la ola.
En la FIFA lo saben y lo utilizan. Han realizado competencias en países con dictaduras militares o con autocracias consumadas, Argentina y Qatar, como pinceladas de una política de ojos vendados y bolsillos llenos.
Y guerra de narrativas, en lo que respecta al Mundial apenas inaugurado. Los privilegiados en las butacas y los representes del pueblo en un Fan Fest de alcaldía. Escapatoria para atenuar la decisión de no asistir al arranque mundialista, que sería visto por miles de millones en el planeta, para no arriesgarse a los chiflidos.
Pero hay algo que agradecer, y es borrar los discursos de protocolo, por regla general aburridos. Rodó el balón, pero el tiempo corre, y no precisamente en las canchas.
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