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El éxito también necesita armonía

Saltillo, Coah.- Hace algunos meses me integré a G100 como state chair de Work-Life Harmony, en Coahuila.

Cuando la gente escucha nombres como estos suele imaginar reuniones, cargos honoríficos o títulos de representación. Pero para mí fue algo mucho más simple: encontrar un espacio donde se habla de una realidad que vivo todos los días. Porque Work-Life Harmony es algo que vivo todos los días.

Me tocó trabajar embarazada en el Senado de la República. Recuerdo caminar por los pasillos y entrar a la sala de sesiones con una enorme felicidad y una panza todavía más grande. Me sentía fuerte, plena y profundamente agradecida de poder vivir esa etapa sin tener que renunciar a mi desarrollo profesional.

Después me tocó criar a mi hija durante una pandemia. Como a millones de familias, la vida nos cambió de un día para otro. Y aunque fueron tiempos difíciles, también nos dejaron una conversación que llegó para quedarse: la posibilidad de trabajar de una manera distinta.

Para algunos, el home office fue un problema. Para muchas madres fue una bendición. Nos permitió seguir cumpliendo con nuestras responsabilidades profesionales sin dejar de estar presentes para nuestros hijos. Nos recordó algo que a veces olvidan quienes diseñan las políticas laborales: una mujer trabaja mejor cuando sabe que sus hijos están bien.

Hoy me toca seguir construyendo una carrera profesional mientras soy la principal responsable de una niña que acaba de terminar el kínder y está por entrar a primaria.

Y precisamente por eso, cuando G100 habla de armonía entre vida y trabajo, yo no lo escucho como una teoría. Lo escucho como una conversación que afecta la vida real de millones de mujeres.

G100 es una red global integrada por mujeres líderes de distintos países que trabajan para impulsar acciones concretas en temas como educación, emprendimiento, liderazgo, salud, sostenibilidad, tecnología, cultura y desarrollo económico. Más que una organización, es una comunidad internacional que busca generar cambios reales a través de la colaboración, el intercambio de experiencias y la construcción de soluciones.

Dentro de esa estructura existe un ala que llamó particularmente mi atención: Work-Life Harmony. No se llama Work-Life Balance por una razón muy sencilla. La vida rara vez está perfectamente balanceada.

Hay días en los que el trabajo exige más. Hay días en los que la familia necesita toda nuestra atención. Hay momentos en los que un proyecto profesional ocupa el centro de nuestra energía y otros en los que nuestros hijos, nuestra salud o nuestras circunstancias personales se convierten en la prioridad absoluta.

La armonía no significa repartir el tiempo en partes iguales. Significa encontrar una forma sostenible de vivir todas nuestras responsabilidades sin renunciar a quienes somos.

Quizá por eso este tema me resulta tan cercano.

Soy madre soltera. Estoy a cargo del cuidado de mi hija y, al mismo tiempo, desempeño una carrera profesional que me apasiona. Como muchas mujeres, vivo todos los días el desafío de coordinar reuniones, proyectos, actividades escolares, tareas, cumpleaños, enfermedades, compromisos familiares y todas esas pequeñas responsabilidades invisibles que sostienen una casa y una familia.

Hay mañanas que empiezan antes de que salga el sol, preparando loncheras mientras reviso pendientes en el celular. Hay tardes en las que salgo corriendo de una junta para llegar a tiempo a un festival escolar o a una actividad extracurricular. Y hay noches en las que, cuando por fin todo se calma, retomo pendientes de trabajo con la casa en silencio.

No siempre es fácil. Hay días extraordinarios y hay días agotadores.

Pero también he descubierto algo importante: nuestras hijas aprenden tanto de lo que les decimos como de lo que nos ven hacer.

Me gusta que mi hija me vea trabajar. Me gusta que me vea asumir responsabilidades, tomar decisiones, construir proyectos y perseguir metas. Me gusta pensar que, al observarme, entiende que las mujeres pueden ocupar espacios de liderazgo, ser independientes y construir sus propios sueños. Porque al final, la mejor forma de enseñarle que todo es posible es demostrarlo.

Sin embargo, también he aprendido que la armonía no consiste en hacerlo todo. Consiste en entender qué es importante en cada etapa de la vida y encontrar la manera de estar presentes sin dejar de crecer.

Y ahí es donde creo que las empresas tienen un papel fundamental.

Durante décadas se pensó que el compromiso laboral se medía por horas de oficina. Hoy sabemos que los mejores resultados suelen venir de equipos que tienen flexibilidad, confianza y condiciones que les permiten desarrollar plenamente su vida personal y profesional.

La presencia física no siempre es sinónimo de productividad. Trabajar desde casa una tarde para acompañar a un hijo no significa trabajar menos. Entender las necesidades de una madre trabajadora no es una concesión; es una forma inteligente de aprovechar su talento.

Cada vez más organizaciones comienzan a comprenderlo. Hablan de salud mental, de corresponsabilidad en los cuidados, de esquemas laborales flexibles y de entornos donde el éxito profesional no implique sacrificar la vida personal.

Y eso es precisamente lo que busca promover Work-Life Harmony.

No se trata de trabajar menos. Tampoco de renunciar a la ambición profesional. Se trata de construir una cultura donde el éxito no se mida únicamente por los logros laborales, sino también por la calidad de vida que somos capaces de construir alrededor de ellos.

Porque al final, una carrera exitosa y una vida plena no deberían ser objetivos opuestos.

Deberían caminar de la mano.

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