Chetumal, QRoo.- Desde Quintana Roo hemos dado cuenta del crecimiento exponencial de la comunidad cubana en el epicentro de Cancún, a grado tal de ganar el nombre de "la pequeña Habana".
Una zona de varias calles del centro histórico la ocupan cubanos, cuyas residencias pueden ser tan legales como ilegales, dedicados a actividades comerciales, de servicios y otras no tan lícitas.
Entrar en ella es como jugar a la ruleta rusa, donde te puede ir como en feria. En este año, una gran cantidad de cubanos ha sido detenida por diversos delitos, graves algunos, como para deportarlos.
Homicidio, robos, extorsiones, asalto a mano armada, o ligados al crimen organizado y su larga extensión de negocios. Muchos de esos caribeños, violentos algunos, entraron a nuestro país de manera ilegal.
Evidentemente necesitaron ayuda desde el Instituto Nacional de Migración (INM), primero, para quedarse sin papeles y luego para legalizarlos. El negocio es fructuoso, altamente rentable.
La necesidad de Estados Unidos por descomprimirse de ciudadanos indeseados, no termina en deportarlos a sus países de origen, los abandonan, en su patio trasero: México.
Es el caso de cubanos, venezolanos y colombianos que se quedan de ilegales en nuestro país; hace un mes, un grupo de 200 cubanos fue llevado a la sede del INM en Tapachula, Chiapas.
Ahí hicieron un zafarrancho, incendiaron las instalaciones para no regresar a Cuba; al final, fueron liberados, la mayoría atraídos por el encanto de Cancún, y para hacerlo tuvieron que pagar mochada.
Cantidades que van desde 50 mil, hasta la cifra que usted ponga; regularizarlos, darles la residencia y hasta la mismísima nacionalidad mexicana es objetivo, tan ilegal y corrupto, como caro.
Por ello, no es extraño ver cubanos y colombianos en Cancún, con credencial del INE y acta de nacimiento mexicana, en comunidades del sur de Quintana Roo, a las que ni conocen.
Hay médicos cubanos y colombianos con actas de nacimiento en localidades del Río Hondo, límites entre México y Belice, trabajando en Cancún, sin autorización mexicana para ejercer.
La corrupción en migración tiene un nivel de involucramiento de autoridades de alto nivel, nacional o estatal, como para preocuparse y ocuparse, por ese se llevaron la sede de Chetumal a Cancún.
Esta semana que termina destituyeron al titular de Migración de Quintana Roo, el almirante Carlos Manuel Bandala González, presuntamente relacionado con una serie de delitos diversos que van desde: el tráfico de menores, trata de personas y red de corrupción del personal de Relaciones Exteriores, hasta denuncias sobre registro falsos, para obtener la residencia mexicana.
Por estos trámites presuntamente se habrían cobrado entre 120 mil y 140 mil pesos por persona; eche cuentas, ¿quién está tras este millonario negocio en dólares?
Pero en México, manchar la imagen de un honorable almirante de la Secretaría de Marina, no es algo fácil de aceptar; ahí está el caso de José Rafael Ojeda Durán, con fuertes nexos en Cancún.
Por eso, el propio INM desmintió sus filtraciones que involucraban a Carlos Manuel Bandala González, titular de su Oficina de Representación en Quintana Roo, en actos indebidos.
Ya no lo consideraron corrupto, le atribuyeron su cambio oficial, a un proceso ordinario de rotación de personal, aunque Bandala González no fue asignado a otra plaza, todo lo contrario, hasta ahora.
Algún alto mando de Semar habló seguramente para quejarse, mucha credibilidad ha perdido con Morena y la 4T, como para seguir utilizando las insignias de trapeador o lavacaras.
Asimismo, la institución aseguró que el funcionario tampoco ha estado sujeto a algún tipo de investigación por la presunta comisión de un acto indebido, algo que, si es cierto, seria omisión grave para la Marina, porque corrupción hay y, mucha, en esa oficina caribeña.
Los leo.
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