Culiacán, Sin.- Tras la segunda salida del gobernador Rubén Rocha, se nombró a otra gobernadora interina en Sinaloa. Pero Graciela Domínguez no representa un relevo, sino la continuidad del grupo político que integró el ahora exgobernador, y donde ella misma fue parte activa. De hecho, fue parte del coro que gritaba el famoso “no estás solo”.
En cuanto lo consideró oportuno, ella declaró no ser rochista, sino una persona de izquierda. Quiso enviar una señal pública de ruptura, pero nadie le creyó. Su llegada como gobernadora es una evidente continuidad de un rochismo enmascarado, y fue designada por el mismo grupo gobernante que generó el colapso económico y social en la entidad.
En su toma de protesta, habló en favor de “una paz que se sienta en las calles y en las comunidades”, para que las familias puedan vivir sin miedo. No hubo ninguna crítica, tampoco autocrítica. Solo elogió a la presidenta Sheinbaum y reconoció que “Sinaloa necesita toda la fuerza del Estado mexicano”. Estas declaraciones implícitamente reconocen que Rocha fracasó en su gobierno.
Bajo el eslogan de “menos escritorio, más territorio”, la gobernadora interina propone hacer recorridos por la entidad y reunirse con los sectores productivos. Estos recorridos no son estrategia para generar soluciones. Reconstruir la interlocución social es importante, pero ello no reduce los homicidios, desapariciones, ni el deterioro económico que afecta a empresarios y a miles de familias.
Desde el primer día, Graciela Domínguez se reunió con el mismo gabinete de su antecesor. Negó posibles relevos, y les exhortó seguir con el plan estatal de Rocha Moya. Su único compromiso fue la presentación de un plan de gobernabilidad y seguridad. Pero esta iniciativa quedará en nada, si no se incluyen metas medibles, presupuestos, y mecanismos concretos de coordinación.
La crisis que enfrenta la nueva gobernadora ya no admite palabras vacías. En los dos últimos años hubo 3 mil 724 asesinatos, 4 mil 303 personas desaparecidas, 12 mil 257 vehículos robados, cerraron 5 mil empresas, y se perdieron 27 mil empleos. Este es el saldo rojo que deja Rocha, y que heredó su equipo a Graciela Domínguez. Son los mismos a quienes da lo mismo que siga pasando lo mismo.
En sus primeros días, la nueva gobernadora no ha dado señales de autonomía frente a quienes colapsaron a Sinaloa. Todo se diseñó para que nada cambie. En Sinaloa el rochismo, ahora enmascarado, sigue actuando con total impunidad.
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