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Festejo del poder autoritario

La ausencia de pruebas fue el argumento de la presidenta Sheinbaum para rechazar la detención y extradición de Rocha Moya y sus demás cómplices. Además, prometió que la FGR haría una investigación para saber si había delitos que perseguir. No lo exculpó de antemano, pero descalificó las acusaciones al afirmar que las intenciones reales del Departamento de Justicia de EU –una oficinita de Nueva York— eran meterse en los asuntos mexicanos indebidamente. Una enorme violación a la soberanía nacional. El corolario está en un video que circula por las redes: el grito unánime de los legisladores morenistas en la Cámara de Diputados en defensa de Rocha Moya: “No estás solo”. 

Cuatro meses después, EU no ha dado a conocer las pruebas y la FGR no ha hecho ninguna investigación, pero ahora los morenistas le gritan en comunicados que sí está solo. Desde la lógica presidencial de abril, Rocha sigue siendo inocente, pero ahora es un apestado político dentro de la 4T. ¿Qué pecado cometió? Tratar de alargar su impunidad con el fuero que le daba la gubernatura sin pedir permiso y complicarle la vida a la presidenta en caso de que la presión de EU la obligara a entregarlo, pues tendrían que llevar a cabo el engorroso trámite jurídico y político de desaforarlo.

En el fondo, el pecado político de Rocha fue cuestionar el poder arbitrario, discrecional de la presidenta Sheinbaum; ella es la única que puede administrar la impunidad y la justicia selectiva. En el momento que ella considere adecuado, ordenará a la FGR que revele el resultado de las investigaciones inexistentes; ella determinará si Rocha es culpable o inocente cuando lo juzgue políticamente pertinente. Por eso lo mandaron al limbo; a esperar el veredicto presidencial, la peor situación de los políticos creyentes en la suprema bondad del líder. Ella y solo ella puede decirle al coro morenista qué debe gritar: no estás solo o ya te jodiste. Tráguense su incongruencia; solo son un eco decorativo de la voluntad presidencial. 

Desconocer que la obediencia, más exactamente la sumisión a la líder debe ser total, incondicional e incuestionable es imperdonable, haya o no cometido otros delitos. Lo dijo Sheinbaum en su tuit: “Ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la nación”. ¿Algún miembro de la 4T duda o ignora quién encarna los intereses y la voluntad del pueblo y la nación? 

Eso es lo que celebran hoy en Morena y sus defensores: el triunfo del poder duro, autoritario, sustentado en la fuerza del uso discrecional de la justicia (cualquier día cualquiera puede ser el nuevo Rocha); no el poder legitimado por la aplicación de la ley, no el poder sustentado en autoridad moral de que la justicia es universal y pareja. Al festejar el “manotazo” dado por Sheinbaum también le declaran su sumisión; se alegran de tener quien los mande y decida su futuro en nombre del “pueblo”, es decir, de ella misma. Cada quien con su masoquismo y su gusto de ser mandado sin razón, sin ley, sin autoridad moral.

Lo que le importa a la presidenta Sheinbaum es la sumisión para mantener la unidad de su partido y ganar las elecciones del próximo año. Rocha Moya se le puso de pechito y lo utilizó para posicionarse mejor en el equilibrio de fuerzas de su partido, quitándole algunos puntos al residente de Palenque, quien está maniatado, ya que la protección de Andy frente a la Casa Blanca depende de ella y de la capacidad negociadora de Omar.

¿Qué podemos festejar el resto de los mexicanos y sobre todo los sinaloenses por el poder adquirido por Sheinbaum? No mucho, parece. Con la gobernadora sustituta y la candidata destapada por Morena la gobernanza criminal en esa entidad no parece enfrentar una amenaza real. El resto de políticos morenistas vinculados al crimen organizado recibieron un mensaje contundente y claro: el pacto de impunidad se mantiene vigente y los cubrirá siempre y cuando sean sumisos, ahora también a ella, no solo al de Palenque.

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