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No hay industria sin energía

Saltillo, Coah.- México quiere atraer empresas, aprovechar el nearshoring y consolidarse como una potencia manufacturera. Sin embargo, seguimos tropezando con una pregunta bastante básica: ¿tenemos la energía suficiente para sostener todo ese crecimiento?

Durante años, la inversión en generación, transmisión y distribución eléctrica no avanzó al mismo ritmo que las ciudades ni que la demanda industrial. Hoy comenzamos a ver las consecuencias.

La electricidad no es solamente el foco que se apaga en una casa. Para una empresa, un apagón significa detener líneas de producción, perder materiales, retrasar entregas e incumplir contratos. Son costos que difícilmente se recuperan y que terminan afectando a toda una cadena.

Desde el norte lo entendemos muy bien. Coahuila es una de las regiones industriales más importantes del país. Aquí operan empresas automotrices, acereras, manufactureras y exportadoras que forman parte de cadenas de producción que cruzan todos los días la frontera.

Una planta en Ramos Arizpe no trabaja sola. Está conectada con proveedores, armadoras y centros de distribución de toda América del Norte. Cuando aquí se detiene una línea de producción, la afectación puede sentirse muchos kilómetros más adelante.

Por eso el problema eléctrico no puede separarse del T-MEC. En plena revisión del tratado comercial más importante para nuestro país, Estados Unidos y Canadá no solamente observan las reglas escritas, también las condiciones reales que ofrece México para invertir y producir.

Podemos tener ubicación estratégica, trabajadores capacitados y cercanía con el mercado estadounidense, pero todo eso pierde fuerza si no existe certeza sobre el suministro de energía.

Y lo ocurrido con el agua en Saltillo durante los últimos días ayuda a entender la dimensión del problema. Las fallas eléctricas afectaron la operación de algunos pozos y, aunque regresó la luz, el servicio de agua tardó en normalizarse porque era necesario recuperar los niveles y la presión.

Una falla provocó otra. Se fue la electricidad y también comenzó a faltar el agua.

La energía mueve los pozos, pero también los hospitales, los semáforos, las telecomunicaciones, los comercios y prácticamente toda la actividad productiva. No podemos hablar de crecimiento industrial sin hablar primero de los servicios que deben sostenerlo.

Coahuila ha hecho de la industria una de sus mayores fortalezas. Para conservarla y seguir atrayendo inversiones, necesitamos preguntarnos si nuestra infraestructura realmente está preparada para acompañar ese crecimiento.

Porque la competitividad no comienza con el anuncio de una inversión ni en una mesa de negociación del T-MEC. Comienza con algo mucho más sencillo: que cuando se encienda una máquina haya electricidad y que cuando se abra una llave haya agua.

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