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Dante: un tema clave, urgente a debate

En busca del equilibrio perdido. Como se lo hice ver en Diluvio, la respuesta a mi columna ‘Unirse o morir, el dilema de la de la oposición en 2027’, Dante Delgado, el fundador del partido Movimiento Ciudadano, abre un debate clave, de emergencia, en toda propuesta de contener la construcción de una dictadura. Me refiero al papel de los disminuidos y desunidos partidos de oposición y a su necesidad de unir fuerzas -o de no sabotearse entre ellos- a escalas regionales y, acaso, a escala nacional. El propósito inmediato sería devolverles el equilibrio perdido a los poderes del Estado, hoy concentrados en un grupo excluyente, a costa de la pluralidad de la sociedad mexicana.

El lenguaje condena. El primer paso en ese sentido sería que los partidos identificados como opositores dejaran de descalificarse entre sí, un cometido que ya cumplen con creces los magnavoces de Palacio. Y, ni modo (lo digo porque hay un antiguo aprecio entre nosotros) al referirse peyorativamente al PRIAN, en la respuesta de Dante a mi columna, hay un lenguaje común que lo vincula a los dos presidentes de la era de López Obrador: una identificación de narrativas que lo condena a la identificación de estrategias y objetivos con el régimen, al condenar a quienes se oponen o disienten del desastroso desempeño del régimen.

Descolocado. Más todavía. En su réplica a mi columna de ayer, Dante no se coloca ni coloca a su partido enfrentado a un régimen que ha demolido las instituciones del Estado democrático y se percibe con los más altos grados de corrupción y vinculación con el crimen. En cambio, se coloca y coloca a su partido enfrentado a las oposiciones realmente existentes: “Movimiento Ciudadano está construyendo una ALTERNATIVA -lo escribe con mayúsculas- frente a quienes se dicen ser la oposición”.

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